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Trastornos del neurodesarrollo en adultos

¿Cómo afectan los trastornos del neurodesarrollo a los adultos?

Muchos de los llamados trastornos del desarrollo neurológico, que engloba un espectro tan amplio que abarca desde el déficit intelectual hasta el trastorno de tics, perduran en los adultos. La mayoría de ellos porque tienen un sustrato fisiológico y otros porque no han sido adecuadamente tratados durante la infancia.

No obstante, teniendo en cuenta la capacidad del cerebro para desarrollar conexiones neuronales y el normal proceso de maduración neurológica con el crecimiento, existe una evidente reducción de síntomas en los trastornos del neurodesarrollo en los adultos, respecto del que presentaban esos mismos adultos cuando fueron niños o adolescentes. Hasta el punto que algunos de los trastornos del neurodesarrollo se vuelven por sí mismos asintomáticos en el adulto.

 

Por definición, un adulto no puede tener un trastorno del neurodesarrollo si no lo padecía ya antes de los 18 años. Es posible que un adulto haya padecido desde niño un trastorno del desarrollo neurológico y no haya sido detectado, pero le haya sido diagnosticado o no, debían estar presentes los síntomas en la infancia o adolescencia para que se puede diagnosticar en un adulto un trastorno de este tipo.

Existen trastornos que, como se verá en los siguientes apartados, cursan con los mismos síntomas que los trastornos del neurodesarrollo, pero son adquiridos, por lo que, aunque existan, corresponden a otras categorías diagnósticas.

Eso no quiere decir que no puedan ser tratados, en muchas ocasiones con métodos similares al tratamiento usado en los trastornos del desarrollo neurológico, pero no siempre es así, por lo que un diagnóstico adecuado asegurará que puede usarse un tratamiento correcto.

TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad)

Aunque el nombre del trastorno incluya la palabra hiperactividad, no es un síntoma imprescindible para el diagnóstico, ya que es sólo un efecto secundario de la inatención, como se ha visto en la sección correspondiente.

Cuando un niño no ha sido tratado de este trastorno se dice que el adulto lo mantiene de forma residual. En la mayoría de estos casos la hiperactividad ha desaparecido en el adulto y sólo queda la intención, que suele haberse suplido por estrategias cognitivas. Eso hace que la mayoría de los adultos con TDAH residual no busquen tratamiento, aunque siguen teniendo las dificultades neurológicas en la focalización de la atención que tenían de niños.

Muchos adultos que tienen problemas atencionales lo achacan a haber padecido TDAH en la infancia, pero esto no es siempre así. Como se acaba de explicar, un adulto que ha padecido TDAH de niño, puede mantener síntomas de inatención cuando crece, pero normalmente muy disminuidos.

En la mayoría de las ocasiones, cuando un adulto aduce tener problemas atencionales, o bien es porque de niño además de algún déficit atencional también tenía algún déficit de función ejecutiva, o bien porque los problemas emocionales desbordan su sistema emocional. Obviamente, descartando que los problemas atencionales se deban a una enfermedad fisiológica o a daño cerebral adquirido.

Con un diagnóstico adecuado se puede saber si los problemas atencionales del adulto son debidos a haber padecido un TDAH en la infancia o bien tienen otras causas.

Si se trata de un TDAH residual, el tratamiento es el mismo que el del TDAH en la infancia. Si por el contrario tiene otras causas, el tratamiento dependerá de lo detectado en el diagnóstico, aunque lo más habitual es que se deba a la ansiedad y se trate como tal.

TEA (trastorno del espectro del autismo)

La base neurofisiológica de este trastorno hace que siga existiendo en los adultos.

Es muy importante que, si en la infancia no se ha tratado adecuadamente este trastorno, sobre todo en casos de autismos de bajo rendimiento, se realice este trabajo en adultos.

No hay diferencias en el tratamiento del TEA sea aplicado a niños, adolescentes o a adultos, tal y como se explica en la sección correspondiente.

Tics

Se trata de uno de los trastornos que tiene una prevalencia mucho menor en adultos que en niños, lo que indica que, con la maduración, en una gran cantidad de casos los síntomas se reducen o, incluso, desaparecen.

En adultos, tal y como se ha explicado previamente, los tics pueden ser vocales simples, vocales complejos, motores simples y motores complejos. Lo normal es que exista más de un tic, pudiendo ser todos de la misma categoría o de varias categorías distintas.

El tratamiento en adultos es idéntico al que se aplicaría en niños.

Trastorno del lenguaje

Incluye las dificultades en el uso del lenguaje oral, comprensión lectora y ortografía. La clasificación anterior, como ya se ha explicado, nombraba estos trastornos como: trastorno del lenguaje expresivo y trastorno mixto del lenguaje receptivo-expresivo.

El tratamiento en adultos es el mismo que en niños, ya que independientemente de la edad, se trata de reforzar las mismas estructuras.

Trastorno de la fluidez (tartamudeo)

El trastorno de fluidez puede iniciarse en la infancia o de adulto, en cuyo caso no se considera un trastorno del neurodesarrollo, aunque el tratamiento sería similar en ambos casos.

Por otra parte, en adultos, además del problema fonológico en sí mismo, suele ser una causa de baja autoestima. La persona que padece esta afección suele cohibirse en diferentes entornos sociales y, muchas veces, también personales.

Esta categoría englobaría, además: déficit en el conocimiento fonológico, déficit en el control neuromotor, deficiencias en las habilidades articulatorias, déficit en la fluidez del discurso y déficit vocales.

El tratamiento debe realizarse tanto a nivel de las deficiencias fonológicas, como mediante el entrenamiento en neurofeedback de las estructuras implicadas, como con un trabajo de mejora de la autoestima.

Discapacidad intelectual

Como se ha visto, la mayoría de las causas de discapacidad intelectual son genéticas, como el síndrome de Down o el síndrome de X-frágil, por lo que perduran en los adultos.

Otras, aunque sean ambientales, suponen anomalías fisiológicas, como las malformaciones fetales o las infecciones en la infancia que afectan al cerebro, por lo que seguirán existiendo en el adulto.

Sin embargo, las debidas a maltrato emocional o privación de estímulos pueden ser corregidas en la infancia, si son adecuadamente tratadas, pero perdurarán si no lo han sido.

En cualquiera de los tres casos, el neurofeedback puede usarse en los adultos con discapacidad intelectual, igual que en los niños, ya que la plasticidad cerebral no desaparece con la edad, aumentando su capacidad de procesamiento, atención, memoria e inteligencia.

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Manuel Olalla

Manuel Olalla

Psicólogo clínico especializado en terapia cognitivo conductual y neuropsicología.

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