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Trastornos del neurodesarrollo

¿Qué son los trastornos de neurodesarrollo?

Los trastornos del desarrollo neurológico son aquellos trastornos de base neurológica que aparecen cuando existe un desarrollo cerebral atípico y afectan a la atención, la memoria, la percepción, el lenguaje, la resolución de problemas, la interacción social o el sistema motor.

Estos trastornos se manifiestan normalmente en la infancia, que es cuando el cerebro está en la etapa de desarrollo. En general, estos trastornos perduran en la edad adulta, aunque en muchos casos la maduración neurológica los compensa, reduciendo su sintomatología.

Existe una gran diversidad de trastornos del neurodesarrollo, algunos afectan a un área muy concreta, que casi no afecta de modo significativo en la vida diaria -excepto por lo que respecta al área afectada-, mientras que otros suponen un deterioro tal que conllevan necesidad de apoyo durante toda la vida.

TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad)

El TDAH es un trastorno de la atención con base orgánica.

Se observa mediante tomografía y resonancia magnética, que los niños afectados por este trastorno padecen un déficit de la función reguladora que ejercen varios neurotransmisores en la región de la corteza prefrontal y el cuerpo estriado.

Uno de los neurotransmisores afectados es la dopamina, que actúa entre otros lugares en el núcleo accumbens, limitando la información que debe ser procesada y permitiendo focalizar la atención. El déficit en esta región cerebral aumenta la dificultad para mantener una atención sostenida.

Otro neurotransmisor afectado es la noradrenalina, que incidiría sobre los sistemas atencionales posteriores, que permiten cambiar la focalización de un estímulo a otro. Por lo tanto, su déficit dificulta la capacidad de alternar la atención con rapidez.

La noradrenalina y la dopamina también actúan sobre los sistemas atencionales anteriores, relacionados con funciones ejecutivas, análisis de datos y preparación o planificación de la respuesta. El déficit de ambos neurotransmisores conlleva un ingreso excesivo de información, que cuesta inhibir y discriminar, dificultando la focalización de la atención sobre estímulos monótonos o poco marcados.

Aunque se tiene menos información al respecto, se considera que hay otro neurotransmisor implicado en el TDAH, la serotonina, pues se relaciona con el control de los impulsos.

Por último, análisis neuroanatómicos han hallado menor volumen cerebral en la corteza prefrontal y premotora en niños afectados de TDAH, lo que puede correlacionarse con un menor conexionado neuronal.

La prevalencia del TDAH es muy alta. Los datos cambian según la fuente y la región geográfica, pero se admite que el porcentaje de niños afectados por TDAH está entre un 5% y un 10%, siendo tres veces mayor la frecuencia en los varones.

También hay un porcentaje elevado de adultos que han padecido TDAH en la infancia y que, no habiendo sido adecuadamente tratado, mantienen síntomas y dificultades atencionales.

El TDAH se clasifica en cuatro categorías:

  • Presentación predominante con falta de atención.
  • Presentación predominante con hiperactividad.
  • Presentación predominante con impulsividad.
  • Presentación combinada.

Para que se pueda diagnosticar un TDAH es imprescindible que se cumplan los criterios de falta de atención, sirviendo el resto de criterios (hiperactividad e impulsividad) para caracterizar la conducta predominante, pero por sí mismos no determinan la presencia del trastorno.

Las características principales de la inatención son: no prestar atención a los detalles, cometer errores en las tareas por despistes, dificultad para mantener la atención en actividades recreativas, no prestar atención cuando se le habla, dejar las cosas sin terminar, no se organiza, renuente a iniciar tareas que requieren esfuerzo mental, se pierden cosas con frecuencia y los estímulos externos distraen fácilmente.

Tratamiento del TDAH mediante neurofeedback

Se han realizado muchos estudios para constatar la eficacia del entrenamiento con neurofeedback en niños con TDAH, aquí nombraremos solo algunos de ellos:

  • En 1995, estudios realizados por la Dra. Lubar en la Universidad de Tennessee, demostraron que los síntomas mejoraban sustancialmente y dicha mejora se mantenía en el tiempo, estamos hablando de seguimientos de más de 10 años.
  • En 1995, Rossiter y Lavaque encontraron que en 20 sesiones de neurofeedback se produjeron mejoras en cuanto a atención y concentración comparables al tratamiento farmacológico. El mismo estudio y con idénticos resultados fue repetido años más tarde por Ritalin y Fuchs et al. (2003).
  • En otros estudios los resultados mostraron mejoras superiores en el caso del entrenamiento con neurofeedback respecto a la toma continuada de fármacos, como lo demuestran Monastra et al. (2002).

Además de esto, se ha demostrado que algunos de los efectos colaterales dentro del entrenamiento con neurofeedback en niños han sido tan importantes como: la mejora de los patrones del sueño, el aumento en la estabilidad del estado de ánimo y la mejora del rendimiento académico, así como en la retención y memoria.

  • En 2009, Martijn Arns, Sabine de Ridder, Ute Strehl, Marinus Breteler y Anton Coenen realizaron un completo metaanálisis de todos los estudios documentados sobre neurofeedback y TDAH, descartando los metodológicamente débiles y seleccionando los quince mejores estudios experimentales de América, Europa y Asia. Los resultados de dichos estudios fueron desmenuzados, cuestionados y estandarizados, para poder obtener un resultado fiable. La conclusión fue que el neurofeedback producía el mismo efecto en los síntomas del TDAH que la medicación y que, comparado con otros métodos de terapia tradicional, era mucho más efectivo para el tratamiento de la inatención y la impulsividad y moderadamente más efectivo en el tratamiento de la hiperactividad.

 

Los análisis por electroencefalografía y resonancia magnética funcional coinciden en detectar una baja activación de las regiones corticales pre-frontales y centrales, especialmente cuando se realizan tareas académicas estresantes.

Al contrario que el diagnóstico tradicional basado en el DSM-V, mediante neurofeedback se pueden diferenciar distintos tipos de TDAH. Cada uno con su tratamiento específico mediante neurofeedback:

  1. Baja actividad en toda la corteza cerebral.
  2. Lóbulo frontal con diferente activación que el resto de la corteza: es lo más habitual en casos de TDAH sin hiperactividad.
  3. Baja actividad en el lóbulo pre-frontal, pero que desaparece ante tareas intelectuales desafiantes. Caracterizan un TDAH con conductas desafiantes.
    1. Si la baja actividad se da en el lóbulo pre-frontal derecho, suele indicar poco control de impulsos y, habitualmente, inadecuada adaptación social, pero buena organización de tarea.
    2. Si la baja actividad es en el lóbulo pre-frontal izquierdo, hay pobre organización de la tarea, pero buena adaptación social.
  4. Sobre actividad en la región anterior medial del lóbulo frontal. Está relacionada con el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) y caracteriza un TDAH con excesiva atención a los detalles que les impide prestar atención a lo importante. Suelen tener volatilidad emocional.

 

Cada vez más se está generalizando el uso del Neurofeedback como tratamiento del TDAH, en lugar de la medicación con estimulantes.

La Academia Norteamericana de Pediatría incluye el neurofeedback en su lista de modelos de intervención basados en la evidencia para el tratamiento del TDAH. Así mismo, varios seguros médicos privados en EEUU, Alemania o Francia ya incluyen el neurofeedback como uno de los servicios que ofrecen a sus clientes.

El Neurofeedback crea plasticidad neuronal, es decir, modifica la cantidad e intensidad de conexiones entre neuronas. En los casos de TDAH se conocen perfectamente los tratamientos más adecuados para conseguir la disminución de síntomas asociados al TDAH: falta de atención, hiperactividad e impulsividad. Además, permite enfocar el tratamiento según las lecturas específicas tomadas a cada persona, haciéndolo más efectivo.

Estudios longitudinales demuestran que con 40 sesiones de neurofeedback los efectos del tratamiento duran un mínimo de 10 años, por lo que en la mayoría de los casos un único tratamiento es suficiente para toda la infancia. Experimentalmente se ha constatado que la plasticidad producida por el neurofeedback puede guiarse para compensar los déficit dopaminérgico y noradrenérgico que padecen los niños con TDAH, sin los efectos secundarios de la medicación y manteniendo sus efectos durante muchos años tras la finalización del tratamiento, mientras que la medicación deja a de actuar a los pocos días de haber cesado el tratamiento.

TEA (trastornos del espectro autista)

Los estudios de personas autistas han encontrado diferencias en algunas regiones del cerebro, incluyendo el cerebelo, la amígdala, el hipocampo, el septo y los cuerpos mamilares. En particular, la amígdala e hipocampo parecen estar densamente poblados de neuronas, las cuales son más pequeñas de lo normal y tienen fibras nerviosas subdesarrolladas. Estas últimas pueden interferir con las señales nerviosas. Otra de las características encontradas es que se puede presentar un subdesarrollo de «las neuronas espejo», incluso algunos expertos afirman que carecen de ellas, dicha ausencia o subdesarrollo provoca un descenso metabólico y funcional en el lóbulo frontal.

El peso del cerebro de los niños autistas menores de 12 años es mayor que el esperado para niños de la misma edad y sexo, mientras que el peso del cerebro de adultos autistas era levemente inferior en 100 a 200 g que los esperados para su edad y sexo. Comparados con niños sin esta afección, los niños autistas muestran: menor tamaño neuronal, aumento del empaquetamiento de la densidad celular en el sistema límbico del cerebro y afectación del desarrollo del árbol dendrítico del complejo hipocampal.

En la actualidad los neuropsicólogos clínicos están llevando a cabo terapias cognitivas, evaluaciones e investigaciones sobre la implicación del lóbulo frontal en el autismo, planteando unas posibilidades terapéuticas muy interesantes, entre ellas el uso del neurofeedback que permite el trabajo de forma directa en la corteza del lóbulo frontal.

El DSM-V, el manual diagnóstico de la Asociación Americana de Psicología, cambia completamente la anterior clasificación realizada sobre el autismo, pasando a considerar todos los trastornos relacionados con déficit del área socio-comunicativa y con intereses restringidos y conductas repetitivas dentro de un mismo continuo, en el que las diferencias son cuantitativas y no cualitativas.

De esta forma, los trastornos autistas de bajo y alto rendimiento, el trastorno de Rett, el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno de Asperger pasan a ser un único tipo de trastorno, denominado trastorno del espectro autista (TEA) con mayor o menor grado de afectación en las dos dimensiones mencionadas: socio-comunicativa e intereses restringidos y conductas repetitivas.

Con este nuevo sistema se puede clasificar el autismo en nueve categorías, ya que se asigna un nivel, del 1 al 3, a cada una de las dos dimensiones mencionadas, con los siguientes criterios:

  • Nivel 1: Requiere apoyo
  • Nivel 2: Requiere un apoyo sustancial
  • Nivel 3: Requiere un apoyo muy sustancial

Tratamiento del TEA mediante neurofeedback

En 2002, después de varios estudios preliminares sobre el tratamiento del autismo mediante neurofeedback, la doctora Betty Jarusiewicz, directora del Atlantic Research Institute, realizó un estudio con 24 niños afectados de desórdenes autistas. Separándolos en dos grupos homogéneos, uno de ellos tratados con terapia tradicional con asesoramiento a los padres y el segundo mediante neurofeedback. Los resultados fueron espectaculares, tras un promedio de 5 meses de tratamiento y 36 sesiones de neurofeedback (entre 20 en el caso de menos sesiones y 69 el que más), mientras que en el grupo de control sólo se consiguieron mejoras de los síntomas de un 3%, en el grupo tratado por neurofeedback se consiguieron mejoras en los síntomas del orden del 26% en casi todos los aspectos: sociabilidad 33%, habla, lenguaje y comunicación 29%, salud 26% y conciencia sensorial y cognitiva 17%, medidos mediante el cuestionario ATEC (The Autism Treatment Evaluation Checklist).

En 2006, los doctores Robert Coben e Ilean Padolsky, decidieron repetir el estudio de Jarusiewicz con una muestra mayor. Los resultados fueron aún más significativos, ya que se encontró una mejora en la sintomatología del 89% respecto del grupo de control, con una reducción de los síntomas del 40%, confirmados por evaluación neuropsicológica y neurofisiológica. Estos resultados se obtuvieron con tan sólo 20 sesiones de neurofeedback.

Muchos otros estudios aportan resultados cualitativamente similares, con mejoras significativas en las interacciones sociales recíprocas, la capacidad de comunicación y la relación tras un tratamiento con neurofeedback, que se mantiene tiempo después de finalizado el tratamiento.

Tics

Se considera un tic a un movimiento o una vocalización súbito y rápido, que se produce de forma recurrente y no es rítmico. Se considera un trastorno de tics a la producción de varios tics diarios durante un periodo prolongado. Ante el tic se tiene la sensación subjetiva de que no se puede impedir su realización.

Se pueden clasificar los tics en cuatro categorías:

  • Tics motores simples:
    • Parpadear
    • Guiñar un ojo
    • Contraer el cuello
    • Contraer la nariz
    • Sacar la lengua
    • Sacudir la cabeza
    • Hacer muecas
    • Movimientos o gestos estereotipados con la mano
    • Levantar los hombros
    • Movimientos del torso o la espalda
    • Movimientos estereotipados con las extremidades
  • Tics motores complejos:
    • Gestos faciales
    • Olfatear objetos
    • Escupir
    • Saltar
    • Pisotear
    • Tocarse a sí mismo u a otros
    • Golpearse a sí mismo
    • Imitar los movimientos de otra persona (ecopraxia)
  • Tics vocales simples:
    • Carraspear
    • Gruñir
    • Resoplar
    • Chasquear la lengua
    • Chillar
    • Ladrar
    • Silbar
    • Sisear
  • Tics vocales complejos:
    • Usar palabras o frases fuera de contexto
    • Repetir una palabra o frase que ha acaba de decir otra persona (ecolalia)
    • Repetir los propios sonidos o palabras (palilalia)
    • Proferir obscenidades (coprolalia)

 

Todos los trastornos de tics pueden aparecer con diferentes intensidades:

  • Leve: Los síntomas desaparecen fácilmente mediante estímulo sensorial o distracción.
  • Moderado: Los síntomas requieren medidas de protección explícitas y modificación del comportamiento.
  • Grave: Se necesita vigilancia continua y medidas de protección para prevenir lesiones graves.

 

La clasificación diagnóstica incluye los trastornos de tics dentro de la categoría de trastornos motores y distingue entre tres tipos de trastornos de tics, que se explican seguidamente.

Trastorno de la Tourette

Muy nombrado, sin embargo, en la mayoría de los casos no es tan peculiar como se podría suponer. Se diagnostica este trastorno si se producen múltiples tics motores y al menos uno vocal. Para que se considere este trastorno debe aparecer antes de los 18 años y durar al menos un año.

El trastorno de la Tourette se da en 5 niños de cada 10.000, si bien se considera que existe una prevalencia bastante superior, pero que no se detectan de forma habitual si los síntomas son leves.

Trastorno de tics motores o vocales persistente

Se producen tics motores o vocales, pero no ambos. Para que se considere este trastorno debe aparecer antes de los 18 años y durar al menos un año.

Al trastorno de tics persistente se le estima una prevalencia del 5%. Es más frecuente en niños varones preadolescentes.

  • Trastorno de tics motores o vocales persistente:
  • Trastorno de tics transitorio: Igual que el anterior, pero con una duración de menos de un año.

Trastorno de tics transitorio

Como en el trastorno de tics motores o vocales persistente, se producen tics motores o vocales, pero no ambos, pero con una duración de menos de un año. Para que se considere este trastorno debe aparecer antes de los 18 años.

Los tics transitorios son los más frecuentes. Se considera que un 18% de los niños los han padecido. La incidencia es más del doble en los chicos que en las chicas.

Tratamiento de los tics mediante neurofeedback

Se consideran dos posibles causas para la aparición del trastorno de tics: traumas psicológicos y problemas neurológicos.

La excesiva ansiedad en un niño aumentará su nivel de arousal (activación general de la corteza cerebral) que podría estar inhibiendo los mecanismos de control de impulsos, dando lugar al tic. Sería similar a la activación típica del Trastorno Obsesivo Compulsivo y muy relacionado con éste.

Respecto de las bases neurológicas, se ha encontrado en niños que padecen el trastorno de la Tourette una simetría no habitual en los ganglios basales. Los ganglios basales los constituyen varios grupos de neuronas en la base del cerebro, que se supone se encargan de controlar los movimientos complejos involuntarios, por lo que se relación con los tics es evidente.

Estudios con resonancia magnética funcional muestran que las personas afectadas por tics tienen una actividad cerebral superior a la esperada en las cortezas prefrontal, parietal, temporal y cingulada. Todas estas zonas tienen en común que, de diferentes formas, entre sus funcionalidades están las de inhibir impulsos no deseados.

Hay varias vías para abordar el tratamiento de tics mediante neurofeedback:

  • Abordaje directo del problema, con un entrenamiento que nos ayude a reducir la hiperactividad en las áreas corticales inhibitorias, favoreciendo el control de impulsos y el control de los tics.
  • Abordaje paralelo, disminuyendo la ansiedad, ya que diversos estudios muestran que la manifestación de los tics se dispara en presencia de estrés.

El uso conjunto de ambos entrenamientos produce una mejora apreciable disminuyendo la sintomatología y, además, favorece el trabajo con otras intervenciones conductuales y emocionales, para tratar el problema de forma global.

Trastornos de la comunicación

Existen otros tipos de trastornos que habitualmente también producen bajo rendimiento escolar, que se clasifican como trastornos de la comunicación, ya que conllevan deficiencias del habla o el lenguaje.

Solo se puede considerar un trastorno de este tipo si se confirma que no es debido a deficiencias auditivas ni a una alteración motora de algún órgano implicado en el habla. Tampoco puede diagnosticarse si existe un retraso madurativo o una discapacidad intelectual que puedan explicar el retraso o la deficiencia del habla.

Existen varios tipos de trastornos de la comunicación, según estén centrados en la producción del habla, a nivel motor o a nivel de contenido.

Trastorno del lenguaje

Anteriormente se distinguía entre los trastornos de lenguaje expresivo y receptivoexpresivo, según si el problema era la producción del lenguaje o abarcaba tanto la producción como la interpretación, pero hoy en día se han aunado los dos trastornos con una única denominación.

El trastorno del lenguaje se identifica porque se detectan dificultades persistentes para la adquisición y para el uso del lenguaje. Incluye todas las modalidades de lenguaje, sea hablado o escrito. En caso de existir deficiencias auditivas, también se puede diagnosticar si las dificultades se observan en el lenguaje de signos.

Como se acaba de indicar previamente, el trastorno del lenguaje se diagnostica, sea la causa solo la producción del lenguaje o la comprensión del mismo, siempre y cuando se presenten los siguientes síntomas:

  • Vocabulario anómalamente reducido: se conocen y usan menos palabras que las que corresponderían a la edad del niño.
  • Dificultad para generar frases gramaticalmente correctas: se yuxtaponen palabras que no concuerdan entre sí, se sitúan las palabras en posiciones incorrectas dentro de la frase o se usan terminaciones verbales o de género y número inadecuadas.
  • Dificultad para expresar ideas: no se usan adecuadamente las palabras o no se combinan las frases con la suficiente coherencia para expresar lo que se quiere comunicar.

Trastorno fonológico

Se trata de la incapacidad de pronunciar correctamente algunos sonidos, hasta el grado que hace inteligible su habla e impide la comprensión del mensaje emitido.

Estas dificultades en la pronunciación deben ser de tipo neurológico, no pudiendo deberse a problemas fisiológicos, como malformaciones del sistema fonológico o defectos auditivos, ni algún tipo de parálisis o daño cerebral adquirido.

Es importante reseñar, que un pequeño defecto de pronunciación no se considera un trastorno fonológico, para que lo sea debe interferir de tal forma en la comunicación que supone un déficit en la integración social o el desempeño académico.

Trastorno de la fluidez (tartamudeo)

La caracterización más habitual de este trastorno consiste en la repetición frecuente de sonidos, prolongación de sonidos o sílabas y bloqueo al intentar hablar. No obstante, existen otras manifestaciones que no son tan típicas y también caracterizan a este trastorno.

En general, todas las alteraciones de la fluidez o de la organización temporal del habla se consideran propias de este trastorno.

Se pueden indicar las siguientes:

  • Repetir sonidos o sílabas.
  • Prolongar el sonido de consonantes o vocales.
  • Fragmentar las palabras al pronunciarlas.
  • Pausas en medio de una frase.
  • Uso de palabras alternativas para evitar las que cuesta pronunciar.
  • Reiteración de palabras monosilábicas.
  • Tensión física para pronunciar algunas palabras.

Tratamiento de los trastornos de la comunicación con neurofeedback

En casi todos estos casos, un electroencefalograma, muestra una actividad alterada en las zonas del habla, situadas en el hemisferio izquierdo del cerebro.

El tratamiento por neurofeedback permite corregir la deficiencia de la activación cerebral en estas zonas, lo que potencia la mejora junto con otras técnicas de logopedia adecuadas a cada caso.

Además, estos trastornos suelen suponer para el niño que los padece un alto nivel de ansiedad, que dificulta el tratamiento y empeora los problemas de comunicación, por lo que neurofeedback produce un efecto beneficioso adicional, alternando los protocolos de tratamiento específico con los de reducción de ansiedad.

Trastornos del aprendizaje

Cuando el rendimiento académico de un niño, que está recibiendo la educación adecuada y tiene un nivel de inteligencia normal para su edad, es sustancialmente más bajo de lo esperado, es muy probable que estemos ante un caso de trastorno del aprendizaje.

En anteriores clasificaciones diagnósticas existía un trastorno diferenciado según los problemas del aprendizaje se subscribieran a la lectura, escritura o el cálculo. Hoy en día, las tres problemáticas se incluyen en un único tipo, denominado: trastorno específico del aprendizaje.

Para clarificar e identificar mejor los síntomas inherentes a este trastorno, se ha decidido seguir la clasificación más tradicional, si bien, atendiendo a los criterios diagnósticos actuales.

No obstante, hay que tener presente que la razón de la nueva clasificación tiene mucho sentido desde el punto de vista neuropsicológico, ya que es habitual que un niño con dificultades en una de las áreas del aprendizaje también tenga déficits, aunque sean menores, en alguna otra de las áreas.

Dislexia

Actualmente se denomina: trastorno específico del aprendizaje con dificultades en la lectura. Dentro del cual existen tres subtipos:

  • Dificultades para leer palabras con precisión.
  • Lentitud o falta de fluidez en la lectura.
  • Déficit de comprensión de lo que se lee.

 

La definición más tradicional de dislexia sería: distorsiones, sustituciones y omisiones en la lectura en voz alta y lentitud y errores de comprensión, tanto en la lectura en voz alta como en la silenciosa.

El criterio diagnóstico actual considera que existe este trastorno si se cumple una de las dos siguientes condiciones:

  • Leer las palabras de forma imprecisa o con lentitud y suponiendo un esfuerzo.
  • Dificultad para comprender el significado de lo que se está leyendo.

Disgrafia

Actualmente se denomina: trastorno específico del aprendizaje con dificultad en la expresión escrita. Dentro del cual existen tres subtipos:

  • Errores ortográficos excesivos.
  • Errores de estructuras gramaticales y de la puntuación.
  • Falta de claridad u organización de la información escrita.

 

La definición más tradicional de disgrafia sería: errores gramaticales, de puntuación y ortografía, incorrecta organización de los párrafos y una letra pobre.

El criterio diagnóstico actual considera que existe este trastorno si se cumple una de las dos siguientes condiciones:

  • Errores ortográficos considerables, como omitir o sustituir vocales o consonantes.
  • Dificultad para expresarse por escrito, sea por errores gramaticales o por no expresar adecuadamente las ideas.

Discalculia

Actualmente se denomina: trastorno específico del aprendizaje con dificultad matemática. Dentro del cual existen cuatro subtipos:

  • No se entiende el sentido de los números.
  • No se aprenden las reglas necesarias para realizar operaciones aritméticas.
  • Errores frecuentes o lentitud excesiva a la hora de realizar cálculos.
  • Incapacidad para realizar razonamientos matemáticos.

 

El criterio diagnóstico actual considera que existe este trastorno si se cumple una de las dos siguientes condiciones:

  • Dificulta para entender el sentido de los números, los datos numéricos o para realizar cálculos.
  • Dificultad para utilizar los conceptos matemáticos para resolver problemas cuantitativos.

Tratamiento de los trastornos del aprendizaje con neurofeedback

Se consideran dos causas posibles para la aparición de este tipo de trastornos:

  • De tipo emocional: desmoralización, baja autoestima y déficit en habilidades sociales.
  • De tipo neurológico: Anormalidades subyacentes del procesamiento cognoscitivo que pueden haber sido debidas a predisposiciones genéticas, lesiones perinatales y distintas enfermedades neurológicas y médicas.

 

Mediante la electroencefalografía cuantitativa, que se realiza al niño antes de iniciar su tratamiento, nos permite diferenciar si se trata de un caso u otro.

En el primero de los casos el neurofeedback se utiliza para mejorar el estado de ánimo y disminuir la ansiedad, con la consecuente mejora del rendimiento escolar y la atenuación de los trastornos, que pueden llegar a desaparecer completamente.

En el segundo caso, la gran capacidad del neurofeedback para crear plasticidad neuronal, permite dirigir la creación de nuevas sinapsis a las áreas afectadas, consiguiendo disminuir la sintomatología del trastorno y la mejora del rendimiento escolar.

Discapacidad intelectual

Aunque todo el mundo entiende qué es una discapacidad intelectual, una definición exacta del término resulta difícil, pues no se trata simplemente de tener más o menos desarrollada la inteligencia, aunque este trastorno se cuantifique a partir de su medida, sino a ser más o menos capaz de desenvolverse en la vida, debido a limitaciones cognitivas. Es decir, se considerará que existe discapacidad intelectual si se obtiene una medida de la inteligencia anormalmente baja para la edad y situación social y cultural de la persona y si eso le conlleva problemas a la hora de desenvolverse en la sociedad y cuidarse a sí mismo.

La clasificación del nivel de afectación de discapacidad intelectual se realiza mediante los test de inteligencia que evalúan el cociente intelectual (CI). Esta medida parte de la consideración que la inteligencia media de una población es 100, por lo tanto, las personas con un CI por encima de 100 estarán por encima de la media y los que puntúen menos de 100 estarán por debajo de la media. Así que tener un CI bajo no es algo anormal, ya que la mitad de la población debe tener valores por debajo de 100, según la misma definición de la medida.

El problema viene cuando la medida está muy por debajo de 100.

En la definición de CI, además de considerar una media de 100, se considera una desviación típica de 15. La desviación típica es una medida estadística que se relaciona con la dispersión de las medidas, y que, a efectos prácticos, en este caso, supone que el 68% de las personas tienen un CI entre 85 y 115 (es decir, la media +/- desviación típica) y un 95% de las personas tienen un CI entre 70 y 130 (es decir, la media +/- dos veces la desviación típica).

Teniendo esto en cuenta, se puede entender mejor la clasificación del distinto tipo de afectación de las personas con discapacidad intelectual:

  • Discapacidad intelectual leve: CI entre 55 y 70
  • Discapacidad intelectual moderada: CI entre 40 y 55
  • Discapacidad intelectual severa: CI entre 25 y 40
  • Discapacidad intelectual profunda: CI inferior a 25

Se considera que la discapacidad intelectual leve permite el acceso a la educación, que en la moderada pueden entrenarse conductas y que las otras dos presentan muchas dificultades para conseguir mejoras en cualquier tipo de aprendizaje.

Discapacidad intelectual adquirida

Algunas de las causas de la discapacidad intelectual pueden ser genéticas y otras pueden ser ambientales.

Algunas de las causas de discapacidad intelectual no genéticas serían:

  • Exposición del feto a las drogas u otros tóxicos, que pueden provocar un anormal desarrollo cerebral.
  • Diferentes intoxicaciones que pueden afectar al cerebro, por ejemplo, el Síndrome de Korsakov provocado por el alcohol.
  • Infecciones: hoy en día una de las principales causas de discapacidad intelectual en el tercer mundo es la malaria.
  • Daño cerebral adquirido: trastornos craneoencefálicos, ictus, asfixias.
  • Alimentación y salud inadecuadas.
  • Maltrato físico y mental.
  • Privación de estímulos y oportunidades para aprender.

Síndrome de Down

El síndrome de Down, es un trastorno de base genética, causado por el desarrollo de un cromosoma 21 extra, de forma que en vez de existir un par de cromosomas 21 (diploide) existen tres (trisomía).

Esta anomalía genética puede producirse de tres formas:

  • Un error durante la separación celular en la separación de los cromosomas, que deja libre una copia adicional del cromosoma 21. Ésta es la forma más habitual, representando el 95% de los casos de este síndrome.
  • Durante la translocación los cromosomas duplicados deben separarse, pero en ocasiones puede quedar uno pegado a otro cromosoma, de forma que se duplica.
  • Cuando el error no se produce en la primera división celular, la trisomía se presenta sólo en algunas células (mosaicismo).

 

Es la causa más frecuente de discapacidad intelectual, siendo aproximadamente un 15% de los casos de discapacidad intelectual debidos al Síndrome de Down.

La afección de la discapacidad intelectual puede ser moderada o severa, aunque en la mayoría de los casos, con el apoyo y la educación especial adecuada, puede reducirse hasta un nivel leve o moderado.

 

A nivel conductual, además de discapacidad intelectual, suelen darse retrasos en el desarrollo y el lenguaje, impulsividad, inestabilidad emocional y dificultades en el ámbito social, hasta llegar en algunos casos a conductas disruptivas (antisociales y hostiles).

A esto se unen una gran variedad de problemas físicos, dificultades en la psicomotricidad y limitaciones sensoriales.

 

Los estudios neuroanatómicos realizados en personas con Síndrome de Down indican la existencia de un número de neuronas en la corteza cerebral inferior al normal. Además, el peso del cerebro es entre un 60 y un 90% menor al esperado en un adulto. Esta anormalidad anatómica del cerebro es coherente con los estudios que muestran poca conectividad cortical en estas personas, es decir, que existen menos conexiones neuronales transmitiendo información en la corteza cerebral de lo que cabría esperar.

Sin embargo, el adecuado acercamiento a este síndrome, sobre todo si se realiza desde los primeros estadios del niño, ha mostrado que en la mayoría de los casos puede educarse a los niños con este síndrome para que tengan cierta autonomía, integración social y puedan incorporarse al mercado de trabajo.

Síndrome de X frágil

Es un trastorno hereditario que se caracteriza por una secuencia anormal de ADN al final de uno de los brazos del cromosoma X, que consigue que la codificación de proteínas a partir de los genes de esa zona sea defectuosa (“frágil”), de ahí el nombre del trastorno.

Es más habitual en hombres que en mujeres, ya que las mujeres al poseer dos cromosomas X se encuentran más protegidas.

Es la segunda causa de discapacidad intelectual, por detrás del Síndrome de Down, y la primera de tipo hereditario. Hay una gran variabilidad en la afectación de la discapacidad intelectual de las personas afectadas por este síndrome, que puede ir de leve a severo. Esto puede deberse tanto a la aleatoriedad en la codificación correcta o no de algunas proteínas como a la gran variedad de problemas conductuales comórbidos para este síndrome, que pueden dificultar el aprendizaje y agravar la severidad de la afectación de la discapacidad intelectual.

La respuesta conductual y emocional de las personas afectadas por este síndrome suele conllevar timidez extrema, trastornos de atención con o sin hiperactividad, automutilaciones, poca flexibilidad a los cambios, estereotipias, evitación de la mirada, déficit de lenguaje tanto expresivo como receptivo, dificultades fonológicas y dificultades en el procesamiento abstracto.

Los trastornos comórbidos más habituales son el TDAH y el TEA.

Otros tipos de discapacidad intelectual de origen genético

Los casos de discapacidad intelectual más frecuentes son los debidos a causas genéticas. Sobre los que llevan asociados fenómenos de epilepsia puede encontrarse más información en la sección correspondiente. Igualmente, algunas discapacidad intelectual están asociadas a trastornos autistas, sobre los que se puede encontrar más información en la sección dedicada al TEA. Existen algunos síndromes, poco frecuentes y que pueden tratarse si se diagnostican prematuramente, como la Fenilcetonuria. Los dos trastornos genéticos que desencadenan discapacidad intelectual más frecuentemente, se exponen en los puntos siguientes.

Tratamiento de la discapacidad intelectual con neurofeedback

Sean cuales sean las causas, una persona con discapacidad intelectual leve o moderado puede trabajar y beneficiarse de la estimulación con neurofeedback aumentando y consolidando cualidades como la atención, la memoria, etc.

El neurofeedback tiene la capacidad de mejorar las capacidades personales en personas sin ningún trastorno (motivación, atención, concentración, memoria, control emocional y de impulsos, etc.). Esa misma funcionalidad, aplicada a personas afectadas de discapacidad intelectual, mejora sus capacidades cognitivas de forma significativa.

Cuando una persona realiza una tarea, normalmente, su actividad de ondas rápidas aumenta. Cuanto más aumenta, más efectiva es en la tarea, mayor es su concentración en la misma, más rápida es su velocidad de respuesta y mejora la capacidad de retener datos en la memoria.

Una persona sin discapacidades cognitivas puede aumentar sus ondas rápidas casi un 50% cuando realiza una tarea. Una persona con discapacidad intelectual, suele aumentar sus ondas rápidas por debajo de un 15%. Con el entrenamiento adecuado en Neurofeedback se puede aumentar ese porcentaje, haciendo más óptimo su funcionamiento cognitivo y colaborando a reducir el nivel de afectación que produce la discapacidad intelectual.

Para personas afectadas por el Síndrome de Down el tratamiento por Neurofeedback se realiza a varios niveles:

  • Respecto a la discapacidad intelectual, para incrementar sus capacidades directivas e intelectuales. Para ello se trabaja en aumentar sus ritmos rápidos y usar la capacidad de crear plasticidad neuronal del Neurofeedback para aumentar las conexiones neuronales, tratando de compensar la poca densidad neuronal de la corteza.
  • Respecto de los problemas conductuales y emocionales, usando entrenamientos adecuados de neurofeedback se pueden tratar y reducir los síntomas asociados, estudiando en cada caso el entrenamiento más adecuado que lo compense.

En cado de Síndrome de X frágil, mediante Neurofeedback podemos realizar varios tratamientos:

  • Reducción de la afectación de la discapacidad intelectual, entrenando los ritmos rápidos de la corteza cerebral, para conseguir un procesamiento más efectivo de la información.
  • Reducción de los síntomas de inatención e hiperactividad con el protocolo que se utiliza para el tratamiento del TDAH.
  • Reducción de los síntomas de estereotipias, inflexibilidad y afectación excesiva ante estímulos fuertes con el protocolo que se utiliza para el tratamiento del TEA.
  • Tratamiento del resto de los síntomas emocionales, cognitivos y conductuales, ajustando el tratamiento adecuado a las mediciones realizadas en cada caso concreto.

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Manuel Olalla

Manuel Olalla

Psicólogo clínico especializado en terapia cognitivo conductual y neuropsicología.

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