Neurofeedback y Psicología en Zaragoza
El nombre completo de este tipo de trastornos es “trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta”, ya que engloba a todos aquellos trastornos que por falta de control llevan a cometer actos destructivos.
Hay que tener en cuenta que hay otros trastornos de falta de control de impulsos, pero solo corresponden a esta categoría aquellos que tienen que ver con destrucción o agresión a los demás. En el resto de trastornos de control de impulsos, con alguna excepción, el principal perjudicado es el que los padece, como las adicciones o los trastornos obsesivos compulsivos.
Algunos de los trastornos de esta categoría son aplicables únicamente a niños, como el trastorno negativista desafiante, que se verá en la sección dedicada a trastornos psicológicos infantiles.
Otros trastornos pueden darse tanto en adultos como en niños, como el trastorno de la conducta o el trastorno explosivo intermitente.
En los siguientes apartados se van a comentar los principales trastornos de control de impulsos en adultos, aunque existen algunas más que se obviarán por ser muy específicos, como la piromanía.
Las personas que sufren este trastorno muestran respuestas agresivas, desproporcionadas respecto del suceso que las desencadena, impulsivas y que no persiguen un fin tangible. Normalmente, esta respuesta emocional agresiva no controlada, acaba desencadenando consecuencias sociales, económicas o legales.
Hay dos modelos de comportamiento, que difieren en cuanto a la intensidad de la respuesta agresiva:
Este trastorno también puede darse en niños mayores de 6 años y en adolescentes.
Los que padecen este trastorno no respetan los derechos básicos de los demás, ni las normas y reglas sociales. Ese patrón de conducta debe darse al menos durante un año.
Hay diferentes áreas en las que se manifiesta este tipo de conductas:
Este trastorno también puede darse en niños mayores de 10 años y en adolescentes. En esos caso existen características específicas que se verán en la sección correspondiente.
Hay algunas características distintivas de las personas que padecen este trastorno, no siempre se cumplen, pero sí en un amplio número de casos:
Hay diferencias importantes entre el concepto popular de cleptomanía y el trastorno de cleptomanía, ya que tiene unas características intrínsecas, que van más allá que simplemente apropiarse de objetos por impulso.
Para empezar, los objetos que se roban no deben ser sustraídos por su valor económico ni por su utilidad para el cleptómano. Al contrario, se tratarán de objetos que no tienen un interés específico y el motivo de que atraigan la atención de las personas que padecen este trastorno es más bien difuso, desde que simplemente se disponga de la oportunidad de apropiarse de ellos hasta cualquier característica física que pueda resultar curiosa al cleptómano. De ningún modo se considerará cleptomanía si los robos se comenten como venganza o represalia contra alguien.
Además, tienen que coexistir dos emociones contrapuestas ante el robo, por una parte, tensión antes de la sustracción y gratificación o alivio después de haberlo cometido.
Uno de los principales problemas a la hora de tratar este tipo de trastornos es la poca implicación del que lo padece en la necesidad real de cambio. En la mayoría de los casos el tratamiento viene obligado por las consecuencias de los actos realizados y no por un deseo propio de cambiar. Aunque existen excepciones, las personas que acuden a realizar un tratamiento psicológico lo hacen obligados por otros, ya sea por imperativo legal, ya sea por el ultimátum de los que conviven con ellos.
El origen de todo problema de control de impulsos está en el aprendizaje emocional realizado durante toda la vida, especialmente en la infancia. La falta de control de impulsos que llevan a un fin destructivo está movida por una rabia no controlada. Por lo tanto, hace falta que se hayan dado un inadecuado manejo de las emociones que desemboquen en rabia y, por otro lado, que no se hayan interiorizado adecuadamente las normas de sociales que impiden que esa rabia se desboque.
Por ello, las intervenciones psicológicas más efectivas en este ámbito tienen que trabajar en una doble vía, hacer que el paciente entienda porque siente esa rabia y aumentar su empatía, para que pueda ponerse en el lugar de los demás y aprecie el alcance de sus acciones en los otros.

Psicólogo clínico especializado en terapia cognitivo conductual y neuropsicología.
Centro de Neurofeedback en Zaragoza del Psicólogo Manuel Olalla