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Tratamiento de la Depresión

Tratamiento de la Depresión. Trastornos depresivos. ¿Cómo acabar con la depresión?

¿Qué son los trastornos depresivos?

Tradicionalmente se han denominado trastornos del estado de ánimo a aquellos relacionados con la tristeza y la alegría, pero, obviamente, no estados normales de alegría y tristeza, que todos padecemos de forma habitual en diferentes momentos de nuestra vida, sino a estados patológicos, que duran más tiempo de lo esperable o que tienen una intensidad muy superior a la esperada.

Actualmente, las clasificaciones diagnósticas separan los trastornos que cursan sólo con tristeza de aquellos que alternan periodos de alegría patológica y tristeza. Aquellos en los que existe alegría patológica se verán en su propio apartado, mientras que en esta sección se verá la descripción y vías de tratamiento de los trastornos de tristeza patológica.

A continuación, se explican los tres principales tipos de trastornos que cursan con tristeza patológica. Existe uno específicamente para niños, la desregulación destructiva, que se comenta en la sección dedicada a trastornos psicológicos en la infancia y adolescencia.

Existen matices diferenciadores aplicables a todos los trastornos depresivos, que se comentan más adelante.

Depresión mayor

Si hablamos de tristeza patológica es inmediato pensar en depresión, ya que es un término que se ha llegado a popularizar de tal manera que ha perdido su significado clínico. Muchas veces se confunde tristeza con depresión, cuando distan mucho entre sí.

La depresión es un estado de tristeza patológica, del que no podemos salir, que conlleva efectos secundarios como el insomnio, desánimo, pérdida de apetito, fatiga, dificultades cognitivas y sentimientos de inutilidad y culpabilidad. No siempre se dan todos los síntomas, pero deben darse la mayoría para que estemos hablando de depresión.

Además, estos síntomas deben estar presentes de forma más o menos continua durante, al menos, dos semanas. Por ello, cuando se diagnostica a nivel clínico, a este trastorno se le denomina depresión mayor, lo que nos permite distinguirla de lo coloquialmente llamado depresión.

Trastorno depresivo persistente (distimia)

Pero la depresión mayor no es el único trastorno relacionado con la tristeza. Es mucho menos conocida la distimia, a la que actualmente se denomina trastorno depresivo persistente. Se trata de un sentimiento continuado de tristeza que dura más de dos años.

En algunos momentos, el recrudecimiento de los síntomas puede hacer que la distimia llegue a ser una depresión mayor, sin embargo, no por ello deja de existir, simplemente se juntan ambos trastornos.

Podríamos decir que la distimia es la sensación de tristeza patológica que no nos abandona, mientras que la depresión mayor es la manifestación puntual de la tristeza que nos desborda. Para que se dé un trastorno depresivo persistente, además de la tristeza continuada durante dos años, deben darse algunos síntomas de poco apetito o sobrealimentación, insomnio o hipersomnia, fatiga, baja autoestima, falta de concentración y desesperanza.

Trastorno disfórico premenstrual

En las últimas clasificaciones diagnósticas se ha añadido una alteración relacionada con los cambios de humor durante la menstruación, que, aunque era ampliamente conocida, requería una mayor estructuración y análisis. Se trata del trastorno disfórico premenstrual.

Para que se cumpla y llegue a ser considerado un trastorno específico deben cumplirse ciertas condiciones concretas:

  • Los síntomas deben estar presentes una semana antes del inicio de la menstruación, suavizarse durante la misma y desaparecer al terminar ésta.
  • Deben sentirse: cambios de humor, tristeza, desesperanza o ansiedad.
  • Debe producirse: desinterés, falta de concentración, fatiga, cambios de apetito, problemas de sueño, sensación de falta de control o molestias físicas.
  • Los síntomas anteriores afectan a las actividades diarias o a la vida social.

Síntomas adicionales de los trastornos depresivos

La depresión no es solo tristeza patológica, normalmente va acompañada de síntomas adicionales que van más allá de la tristeza, el desánimo y la falta de iniciativa. Por eso se han establecido algunos especificadores adicionales que ayudan a caracterizar las peculiaridades de la depresión de cada persona.

Los principales especificadores se exponen a continuación:

  • Con ansiedad.
  • Con características mixtas: si aparece algún síntoma de alegría patológica, pero no alcanzan el diagnóstico de un trastorno de exaltación excesiva del estado de ánimo.
  • Con características melancólicas: pérdida de placer y poca reactividad a estímulos placenteros.
  • Con características atípicas: respuesta positiva, que reduce los síntomas depresivos, ante acontecimientos favorables, acompañada de aislamiento, desgana y somnolencia.
  • Con características psicóticas: si se padecen delirios o alucinaciones.
  • Con catatonía: rigidez muscular y voluntad muy reducida.
  • Con patrón estacional.

Tratamiento psicológico de la depresión

En el ámbito clínico la depresión suele tratarse mediante la terapia cognitivo-conductual, o con las llamadas terapias de tercera generación, que son diferentes evoluciones de la terapia cognitivo-conductual tradicional.

No obstante, hay que tener muy claro que no es lo mismo tratar una depresión primaria, que una depresión secundaria.

La depresión primaria, que en ocasiones se identifica como depresión endógena, se considera una característica básica de la persona a la hora de enfrentar la vida. Correspondería al perfil de alguien excesivamente negativo y melancólico, que sufre un desánimo continuado ante la vida diaria. Por el contrario, la depresión secundaria se debe a la impotencia específica para afrontar una situación, que puede ser desde temas sociales o laborales, a procesos internos, tanto orgánicos como psicológicos. Ejemplos de causas que pueden desencadenar una depresión secundaria serían: una enfermedad que nos debilita y no hace no ser capaces de desempeñar nuestra vida diaria normal, un estado prolongado de ansiedad o estrés que nos hace sentir impotentes de superarlo, problemas sentimentales o de trato diario con alguna persona. Hay casos mixtos, en los que puede coexistir una depresión primaria junto a una secundaria, en ese caso hay que tratar las dos por separado.

Tratar una depresión primaria como secundaria o viceversa hace que el tratamiento no funcione, por no haberse realizado el enfoque terapéutico más adecuado, de ahí la importancia de un diagnóstico correcto antes de empezar cualquier tratamiento.

Tratamiento de la depresión por neurofeedback

Para que una terapia psicológica funcione es necesario que el paciente se implique en la terapia. Para que una terapia sea eficaz no es suficiente que el cliente acuda a las sesiones, sino que debe realizar los trabajos que el terapeuta le paute para realizar entre las sesiones. Son realmente esos trabajos que el paciente hace, guiado por las indicaciones de la terapia, los que le curan. Si no se realizan esas tareas personales el tratamiento no avanzará.

Pero, ¿cómo conseguir que una persona en estado depresivo profundo realice los trabajos que necesita hacer para curarse? Es la típica paradoja circular, la persona depresiva no tiene fuerzas para realizar tareas, pero si no las realiza seguirá en su estado apático que le impedirá realizarlas.

Cualquiera que ha padecido, o ha visto padecer a alguien cercano, un trastorno depresivo mayor, sabe lo difícil que es volver a una normalidad cotidiana que no esté enquistada por el desánimo y la desesperanza.

La solución tradicional es el uso de psicofármacos, pero también existe la opción del neurofeedback.

El neurofeedback puede usarse para disminuir los síntomas depresivos. Existen tratamientos específicos de neurofeedback para la depresión primaria y las depresiones secundarias.

Parte del problema es que muchas veces no se hace un diagnóstico completo y se considera el tratamiento de la depresión mayor sin considerar si se trata de un proceso endógeno o una depresión reactiva. Las depresiones reactivas son las producidas como consecuencia de otro problema, que debido a su persistencia o la indefensión que nos produce, acaba derivando en una depresión mayor. Por ejemplo, es habitual que aparezcan síntomas depresivos, que pueden llegar a convertirse en una depresión mayor, en casos de acoso escolar o laboral, estrés continuado, fibromialgia, otros dolores crónicos, etc.

Mediante electroencefalografía cuantitativa puede determinarse el tipo de depresión existente y programar un tratamiento específico, ya sea para la depresión, si es endógena, o para la sintomatología primaria que está llevando a la depresión reactiva, si es el caso.

 

Cuando el diagnóstico nos muestra que existe uno de los dos tipos de depresión (o ambos), podemos programar un tratamiento de neurofeedback que reajuste la actividad neuronal anómala que se ha detectado. A medida que los valores de actividad eléctrica de las neuronas van volviendo a la normalidad, se aprecia una disminución importante de la sintomatología depresiva.

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Manuel Olalla

Manuel Olalla

Psicólogo clínico especializado en terapia cognitivo conductual y neuropsicología.

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