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Disfunciones sexuales y su tratamiento

¿Qué son las disfunciones sexuales?

Se considera una disfunción sexual cualquier problema recurrente, que está presente durante un periodo prolongado de tiempo y que tiene que ver con el deseo o el orgasmo.

Aunque debido a las diferencias sexuales entre el hombre y la mujer las disfunciones sexuales son distintas en ambos sexos, en el fondo existe una cierta correlación entre los trastornos masculinos y femeninos en este ámbito.

Una parte importante de las disfunciones sexuales tienen que ver obsoletos roles culturales, la necesidad que tienen algunos hombres de demostrar su valía a través del sexo -y el miedo subyacente de no conseguirlo- y el adoctrinamiento que han recibido algunas mujeres, que las lleva a considerar el acto sexual como algo prosaico. Estos tabúes y otros similares, inherentes a una cultura desfasada, pero aún vigente, son las principales causas de los más representativos de estos trastornos.

Trastorno eréctil

Cuando se habla de disfunciones sexuales, casi todo el mundo piensa en este trastorno, que técnicamente se denomina trastorno eréctil o disfunción eréctil. Aunque normalmente se asocia este trastorno a no poder tener una erección, también constituye este trastorno el no poder mantener la erección para culminar el acto sexual o, incluso, a la reducción de la rigidez durante el coito.

Hay que tener en cuenta que un problema de erección ocasional no constituye un trastorno eréctil, para que pueda denominarse como tal debe ser algo que ocurre de forma recurrente durante seis meses como mínimo y con mucha frecuencia (el 75% de las ocasiones o más).

También es importante reseñar que este trastorno no siempre es generalizado. Es decir, hay hombres a los que les ocurre en todas las situaciones, pero a otros solo les ocurre en situaciones concretas: solo con un tipo de estimulación, solo con una pareja concreta, solo en un ambiente específico, solo en las primeras ocasiones con una nueva pareja, etc. Aunque no sea generalizado se considera la presencia de este trastorno si se repite en las mismas situaciones a lo largo del tiempo de forma frecuente.

Hay hombres que han padecido este trastorno toda la vida (sobre todo si es del tipo situacional, de forma que en algunas situaciones se pueden mantener relaciones sexuales con normalidad y es solo en algunas concretas que se padece esta disfunción). Sin embargo, también es habitual que sea algo adquirido, que se haya tenido una vida sexual normal y a partir de un cierto momento haya aparecido la disfunción eréctil, sea generalizada o situacional.

Eyaculación prematura

Se considera que una eyaculación es prematura, comúnmente denominada eyaculación precoz, cuando ocurre alrededor de un minuto después de la penetración vaginal. También sería considerado eyaculación prematura si ocurre cuando se intenta la penetración vaginal, antes de consumarla.

Hay que distinguir entre eyaculaciones rápidas y precoces, el hecho de eyacular antes de que la pareja alcance el orgasmo no constituye en sí mismo una eyaculación precoz. Para que se pueda considerar así la eyaculación debe escaparse al control del hombre y ser sumamente rápida en relación a la excitación que se está sintiendo. Eso no quiere decir que si la eyaculación no se controla no sea un problema que se deba tratar, pero no tendría la calificación de trastorno.

Además, para que sea considerado un trastorno debe darse al menos durante seis meses y con mucha frecuencia (el 75% de las ocasiones o más).

Al igual que con la disfunción eréctil se pude tratar de un problema generalizado, si ocurre en todas las circunstancias, o situacional, solo ocurre si se cumplen unas condiciones: con una pareja concreta, en un ambiente específico, etc.

Este trastorno pude ser algo que ha ocurrido toda la vida o bien algo adquirido en un momento dado, sin que hubiera habido síntomas anteriores.

Eyaculación retardada

Se trata de un trastorno masculino que, aunque no sea tan conocido como otras disfunciones sexuales, puede conllevar un malestar tan elevado como una disfunción eréctil o una eyaculación precoz. Se produce cuando la eyaculación tarda mucho más de lo que se considera habitual e incluso llega a no producirse. Al contrario que en el trastorno eréctil, no se produce pérdida de erección, pero el retraso en la eyaculación es tal que el acto sexual llega a resultar molesto para la pareja.

Es difícil establecer de forma fehaciente cuanto es el tiempo óptimo para la eyaculación, puesto que depende de los gustos de ambos miembros de la pareja. Por lo tanto, lo que marcará una eyaculación retarda es que dura mucho más de lo que ambos miembros de la pareja desearían.

Como referencia, que no debe tomarse literalmente pues como se ha dicho es algo que depende de lo que cada pareja necesite, se considera que la eyaculación es adecuada cuando se produce entre los 3 y los 13 minutos, sin contar los juegos previos. Suelen considerarse más adecuadas para la pareja, de nuevo sin poder generalizar, las que se producen entre los 3 y los 7 minutos.

Este trastorno se considerará como tal si dura más de seis meses con una frecuencia de más del 75% de las ocasiones. Puede ser algo que ha ocurrido siempre o desencadenarse a partir de un momento completo. En algunos hombres es generalizado y en otros depende de una situación concreta, es decir, que solo se produce si se dan unas circunstancias específicas.

Deseo sexual hipoactivo

Se trata de una disfunción sexual que se puede dar en hombres y en mujeres, si bien tiene diferentes nombres en cada uno de los casos. Cuando se trata de hombres se denomina: trastorno de deseo sexual hipoactivo en el varón. Cuando se trata de mujeres el nombre que se le da es: trastorno del interés/excitación sexual femenino.

Independientemente del nombre que reciba los síntomas son muy similares para ambos sexos.

  • Ausencia o muy escasa presencia de fantasías o pensamientos sexuales o eróticos.
  • Ausencia o muy escasa presencia de actividad sexual ni deseo de tenerla.
  • Falta de receptividad ante las demandas para tener relaciones sexuales, sean de la pareja u otro tipo de invitaciones ocasionales.

Además, en las mujeres, se debe dar ausencia de placer o excitación sexual en casi todas las ocasiones en las que se mantienen relaciones sexuales.

Para que sea considerado trastorno, estos episodios deben darse durante más de seis meses y ser muy frecuentes (en más del 75% de las ocasiones). Pueden ser generalizados o darse solo en situaciones concretas, por ejemplo, solo con una pareja concreta, en un ambiente específico o ante un tipo de excitación. La persona puede haberlo padecido toda la vida o aparecer en un momento dado sin indicios anteriores.

Trastorno orgásmico femenino

Las mujeres que padecen este trastorno tienen, o bien, orgasmos muy débiles, o bien, orgasmos retardados, o incluso, ausencia de orgasmos. En algunos casos, los orgasmos tienen tan poca intensidad que apenas se siente la respuesta orgásmica y, en los otros casos, los orgasmos tardan tanto tiempo en producirse que a veces ni llegan.

Para que este problema sea considerado trastorno debe ser muy frecuente (al menos en el 75% de las ocasiones) y durar al menos seis meses. Puede darse siempre, en cuyo caso se considera generalizado, o en algunos casos específicos, que se considera situacional, al depender del contexto. Si es algo que ha ocurrido siempre se considera de por vida, mientras que si antes la actividad sexual era normal y se ha manifestado a partir de un momento concreto se considera adquirido.

Dolor genito-pélvico durante la penetración

Las mujeres que padecen este trastorno deben presentar uno o más de los siguientes síntomas:

  • Dificultad para que se pueda realizar la penetración vaginal mientras se mantienen relaciones sexuales.
  • Presencia de dolor vulvovaginal o pélvico en el momento que se intenta la penetración vaginal o durante las relaciones sexuales vaginales.
  • Elevada ansiedad o dolor anticipatorio vulvovaginal o pélvico antes de que se produzca la penetración vaginal.
  • Contracción o tensión excesiva en los músculos del suelo pélvico en el momento que se intenta la penetración vaginal.

 

Si estas circunstancias ocurren de forma recurrente durante al menos seis meses entran en la categoría de trastorno. Puede ser algo de por vida, si ha ocurrido siempre, o adquirido si previamente la actividad sexual era normal.

Tratamiento de las disfunciones sexuales

Las disfunciones sexuales, como muchos otros trastornos del ámbito psicológico, suelen ser síntomas de la ansiedad. La ansiedad es una respuesta de estrés que se dispara ante una situación que activa nuestro sistema de alarma. Dicho de otra forma, cuando algo nos preocupa o nos asusta se disparan una serie de respuestas fisiológicas, que es la forma en la que nuestro cuerpo se prepara para reaccionar a esa alarma.

Para entender cómo la ansiedad da lugar a disfunciones sexuales primero hay que entender cuál es el mecanismo fisiológico del orgasmo en cuanto al sistema autónomo se refiere. En la sección dedicada a la ansiedad se explica más ampliamente los mecanismos de respuesta nerviosa autónoma, el simpático y el parasimpático, pero para lo que ahora nos ocupa baste saber que el parasimpático es el sistema de control de ahorro de energía de nuestro cuerpo y el simpático el sistema de control del estrés, que nos prepara para la lucha y la huida.

Para que se produzca un orgasmo, tanto en hombres como en mujeres, estos dos sistemas deber trabajar acompasados. Durante el periodo de excitación debe estar activo el sistema parasimpático, que será el que permitirá la erección de pene y clítoris, así como la lubricación de la vagina. A medida que se vaya desarrollando el coito el sistema simpático debe incrementar su excitación, llegando a su culmen con el orgasmo.

Es la inadecuada regulación de estos sistemas lo que produce la mayoría de las disfunciones sexuales. Si el sistema simpático está muy activo antes de iniciarse el coito (tenemos miedo anticipatorio) puede producirse flacidez o erecciones débiles (trastorno eréctil) en el hombre o tensión excesiva en los músculos del suelo pélvico (trastorno por dolor genito-pélvico durante la penetración) en la mujer. Una activación excesivamente rápida del sistema simpático durante el coito (debido a una excitación excesiva) dará lugar a la eyaculación precoz (eyaculación prematura) en el hombre. Una excitación simpática demasiado lenta dará lugar a un orgasmo muy demorado o débil tanto en el hombre (eyaculación retardada) como en la mujer (trastorno orgásmico femenino).

El deseo sexual hipoactivo también tiene que ver con la activación simpática, pero está mucho más condicionado por aspectos culturales.

El tratamiento habitual de las disfunciones sexuales suele ser de tipo conductista, para eliminar el síntoma, pero necesita un acompañamiento de una terapia que aporte más profundidad, para eliminar las creencias emocionales y los estereotipos culturales, que son el origen del problema.

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Manuel Olalla

Manuel Olalla

Psicólogo clínico especializado en terapia cognitivo conductual y neuropsicología.

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