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Trastornos psicológicos en niños y adolescentes

Trastornos de excreción

Se denomina trastornos de excreción a aquellos en los que no se realiza un adecuado control de los esfínteres. Solo se puede considerar un trastorno de excreción en caso de que no existan causas fisiológicas o enfermedades que puedan explicar esa falta de control en los esfínteres.

Aunque la población en la que más frecuentemente se da este tipo de trastornos es en niños, también existen casos entre adolescentes y adultos.

Enuresis

Es la emisión repetida de la orina ya sea de manera voluntaria o involuntaria. Aunque la más típica se da al orinarse en la cama, también se considera enuresis si se hace en la ropa.

Este comportamiento es clínicamente significativo cuando se produce al menos dos veces por semana y durante un mínimo de tres meses consecutivos y además genera un malestar significativo o deterioro social para quien lo padece.

Para poderse considerar un problema de enuresis hay que descartar que dicha incontinencia no se pueda atribuir a los efectos fisiológicos de alguna sustancia (como un diurético o un antipsicótico) u otra afección médica (p. ej., diabetes, espina bífida o epilepsia).

En el caso de niños no se puede considerar enuresis en una edad anterior a los 5 años.

Podemos encontrar tres tipos:

  • Enuresis solo nocturna: Se produce únicamente durante el sueño nocturno.
  • Enuresis solo diurna: Se produce estando despiertos.
  • Enuresis nocturna y diurna: Se produce tanto de noche como de día, ya que es una combinación de los dos subtipos anteriores.

 

La enuresis nocturna afecta al 15% de los niños de cinco años, según El Libro Blanco «La Enuresis Monosintomática Primaria en España», una iniciativa de la Asociación Española contra la Enuresis y de varias sociedades científicas.

Encopresis

Es la excreción repetida de heces en cualquier lugar inadecuado, ya sea de forma voluntaria o involuntaria.

Para considerarse encopresis se tiene que dar al menos una vez al mes y durante un periodo mínimo de tres meses. No se puede considerar un episodio aislado que podría deberse a una causa accidental.

La edad cronológica tiene que ser al menos de 4 años (o un grado de desarrollo equivalente).

Hay que descartar que el comportamiento sea debido a los efectos fisiológicos de alguna sustancia (p. ej., laxantes) u otra afección médica.

Una variante de la encopresis se da por la presencia de estreñimiento y la consecuente incontinencia por desbordamiento. Es decir, el estreñimiento continuado produciría una falta de control cuando por fin se activa la motilidad del intestino. A pesar de que exista un condicionante fisiológico, se sigue diagnosticando trastorno de excreción en este caso, ya que la incontinencia por desbordamiento no deja de ser una falta de control de esfínteres.

Tratamiento de los trastornos de excreción

Ambos trastornos. La enuresis y la encopresis, pueden tener una causa orgánica o psicológica, pero en ambos casos hay tratamiento.

Aunque el tratamiento puede variar de un niño a otro, en general siempre incluye el aprendizaje y control sobre el propio cuerpo (en concreto el control de esfínteres), psicoterapia y pautas para los padres del niño para poder afrontar de forma adecuada la situación y así llegar a resolverla.

En el tratamiento de este tipo de trastornos un entrenamiento en neurofeedback a la vez que la terapia resulta de gran ayuda, ya que reduce los síntomas de ansiedad y angustia en el niño, producidos por los sentimientos de impotencia, vergüenza y tristeza que conllevan este tipo de trastornos.

Trastornos relacionados con factores de estrés

En el apartado dedicado a trauma[Enlace a 1.5] se han explicado los mecanismos fisiológicos del estrés. En ese sentido no hay diferencia entre adultos, niños y adolescentes, pero sí la hay en los desencadenantes del estrés.

Para los niños, que todavía están en vías de construir un apego seguro, hay muchos más disparadores de estrés, ya que el número de peligros que les acechan, sean reales o imaginarios, es mucho mayor.

Todos los trastornos derivados de los factores de estrés y de traumas explicados en el apartado de trauma[Enlace a 1.5] pueden aparecer en niños y adolescentes, pero hay algunos que son específicos en estas edades y que se exponen seguidamente.

Trastorno de apego reactivo

Los niños con este tipo de trastorno presentan un patrón constante de comportamiento inhibido y emocionalmente retraído hacia sus cuidadores. Es decir, raramente buscan consuelo o se dejen consolar cuando se sienten mal.

Se da en ellos una alteración social y emocional persistente que se caracteriza por:

  • Pobres reacciones sociales o emocionales hacia los demás.
  • Muy limitadas expresiones de afectos positivos.
  • Episodios de irritabilidad, tristeza o miedo sin causa ni motivos aparentes.

 

Son niños que en algún momento de sus vidas han experimentado un patrón extremo de cuidado insuficiente. Bien por negligencia o carencia social, no teniendo cubiertas necesidades emocionales básicas para que el niño pudiera crecer sintiéndose seguro, confiado y querido. O bien por cambios continuados de cuidadores o de las figuras parentales, como puede suceder por ejemplo con niños que han podido sufrir continuos cambios de custodia o niños adoptados. O trastornos relacionados con traumas y factores de estrés.

El trastorno de apego reactivo se considera grave cuando el niño tiene todos o gran parte de los síntomas del trastorno en un grado elevado.

Trastorno de relación social desinhibida

Los niños con este tipo de trastorno muestran un comportamiento excesivamente desinhibido y confiado con personas totalmente desconocidas.

Estos niños muestran al menos dos de las siguientes conductas que aquí vamos a señalar:

  • No muestran ningún tipo de desconfianza ni recelo a la hora de aproximarse a adultos extraños.
  • Pueden mostrar un comportamiento verbal o físico demasiado familiar con extraños.
  • Recurren poco o nada a su cuidador habitual adulto (padre, madre, tutor, etc.) cuando necesitan de alguien, incluso en ambientes extraños.
  • Muestran poca o ninguna vacilación a la hora de irse con desconocidos.

 

Los orígenes que desembocan en este tipo de trastorno son muy similares a los del trastorno de apego reactivo. Son niños que por diversas circunstancias no han podido desarrollar un tipo de apego seguro durante su primera infancia y por tantos ambos desarrollan diferentes estrategias para poder afrontar diferentes tipos de situaciones o carencias.

Tratamiento del apego reactivo y de la relación social desinhibida

Como se ha visto, ambos trastornos tienen un origen similar y, por lo tanto, su tratamiento también lo será. Estos dos trastornos se engloban en la categoría de trastornos relacionados con traumas y factores de estrés, por lo que se ha explicado sobre el trauma[Enlace a 1.5], también debe tenerse en cuenta, aunque se trate de niños.

El trabajo terapéutico con niños es muy distinto que el que se realiza con adultos y más aún en estos casos en los que fallan los pilares básicos de seguridad en el menor. Aunque en ambos casos el comportamiento de los niños afectados sea diametralmente opuesto, el trabajo terapéutico será el mismo: crear un vínculo de apego seguro para el niño, desde el que anclar un sistema de cambio de respuesta emocional.

Las técnicas usadas para ello se basarán en trabajo simbólico e imaginativo, ya que es una forma de llegar a las emociones de los niños, que aún están en proceso de desarrollo de los procesos cognitivos.

Trastorno de desregulación destructiva

La última clasificación diagnóstica incluye en esta categoría un trastorno en niños y adolescentes, de 6 a 18 años, que se caracteriza por una irritabilidad extrema y continuada, al menos por un año, que desencadena frecuentes ataques de cólera desproporcionados. Se ha denominado trastorno de desregulación destructiva del estado de ánimo a esta afectación.

Este trastorno, aunque por la descripción de los síntomas parezca paradójico, está englobado dentro de los trastornos depresivos. Si en los adultos la sensación continuada de impotencia, sea ante la vida en general o ante una situación concreta, desencadena tristeza patológica, en los niños y adolescentes, que aún no tienen asumida la respuesta de pasividad que se adquiere con los intentos continuados de no conseguir lo que se desea, se genera una respuesta de ira.

En decir, mientras en adulto la impotencia genera tristeza patológica, en algunos niños y adolescentes, esa misma impotencia genera rabia.

Tratamiento del trastorno de desregulación destructiva

Dado que se trata de un trastorno englobado en la familia de los trastornos depresivos[Enlace a 1.1], el tratamiento tendrá la misma base, pero salvando la diferencia entre el nivel cognitivo entre niños y adultos; si bien con adolescentes se podrá trabajar a un nivel similar al acometido con adultos.

Dado que la depresión se trata preferentemente con técnicas cognitivo-conductuales, el trabajo con niños tendrá el mismo esquema, pero adaptando los registros y trabajo con creencias al nivel de desarrollo madurativo del menor. Así se pueden realizar trabajos de registro con dibujos o esquemas gráficos y trabajar las creencias con ejemplos de su día a día.

Trastornos de control de los impulsos

Como se explica en el apartado general dedicado a este trastorno[Enlace a 1.12], se trata de trastornos que incluyen conductas destructivas hacia el entorno o hacia otras personas.

Pueden darse en niños, adultos y adolescentes, siendo los dos que se van a exponer a continuación o bien exclusivos de la infancia y la adolescencia, como el trastorno negativista desafiante, o bien comunes tanto en adultos como en niños y adolescentes, pero con peculiaridades específicas cuando se trata de menores de edad, como el trastorno de la conducta.

Trastorno negativista desafiante

Como su nombre indica, los niños que padecen el trastorno negativista desafiante son desobedientes y hostiles con las figuras de autoridad. La prevalencia del trastorno negativista desafiante está entre el 2 y el 16% de la población general. Aunque se puede diagnosticar en niños y adolescentes no hay que confundirlo con el típico comportamiento adolescente, que es habitual que pueda pasar por una fase desafiante.

Las características típicas de los niños que padecen este trastorno son:

  • Un estado habitual de irritabilidad, susceptibilidad, enfado o resentimiento.
  • Discusiones frecuentes con los adultos, a los que se desafía rechazando sus órdenes.
  • Culpabilizar a los demás de su mal comportamiento
  • Una respuesta rencorosa o vengativa.

Trastorno de la conducta en menores

En el apartado dedicado a los trastornos de control de impulsos[Enlace a 1.12] se explica ampliamente el trastorno de la conducta[Enlace a 1.12.3], pero cuando se aplica a niños y adolescentes tiene algunas características específicas, que se van a exponer en este apartado.

Los comportamientos tipo de niños y adolescentes que padecen este trastorno incluyen algunos de los siguientes comportamientos:

  • Desobedecer la prohibición de salir de casa.
  • Pasar la noche fuera de casa sin permiso.
  • Faltar a la escuela con frecuencia.

Además de estos comportamientos específicos, también se podrán dar los que son generales en este trastorno para todas las edades:

  • Agresión a personas o animales.
  • Destrucción de la propiedad.
  • Mentiras frecuentes.
  • Robos

Tratamiento del trastorno negativista desafiante y del trastorno de la conducta con neurofeedback

En ambos casos se suele encontrar un patrón de encefalograma característico, con poca actividad en el lóbulo prefontral y una dominancia excesiva del lóbulo izquierdo sobre el derecho. El lóbulo prefrontal es el que regula el comportamiento moral mientras que el hemisferio derecho es el que contextualiza las relaciones sociales y emocionales respecto a los demás.

El neurofeedback, ayuda al tratamiento de estos casos, promoviendo la plasticidad cerebral en dichos lóbulos deficitarios, compensando el anómalo funcionamiento de actividad cortical y mejorando la respuesta conductual de los niños afectados por estos trastornos.

Terrores nocturnos en menores

En la sección dedicada a los trastornos del sueño[Enlace a 1.6] se ha visto la explicación y la vía de tratamiento de las pesadillas y los terrores nocturnos[Enlace a 1.6.3].

En cuanto a la explicación de las razones que llevan a la aparición de terrores nocturnos, los mecanismos psicológicos y neurológicos son los mismos en niños y adultos.

No obstante, en cuanto al tratamiento sí que hay diferencias.

En niños el trabajo de terapia no puede realizarse al mismo nivel cognitivo que con un adulto, por lo que hay que usar aproximaciones simbólicas al problema.

Una de las técnicas más útiles en este caso es la de la externalización, que permite abordar el problema de una manera indirecta, con procedimientos de dibujo e imaginación. Los niños no se sienten presionados y acaban mostrando la causa de sus miedos de una forma espontánea. Igualmente, con esta misma técnica podemos implantar los recursos emocionales que el niño necesita para combatir sus miedos.

Bajo rendimiento escolar

El bajo rendimiento escolar puede deberse a diferentes causas, aunque los efectos externos sean los mismos. Mediante un análisis de cada caso y una lectura del patrón neuronal del niño puede encontrarse la causa subyacente y tratarla adecuadamente.

Las principales causas del bajo rendimiento escolar son:

  • TDAH[Enlace a 2.2.2]: El trastorno de atención con hiperactividad (así llamado, aunque en ocasiones se manifieste sin hiperactividad) es una de las principales causas de retraso escolar. Las muchas evidencias experimentales que indican que este trastorno está asociado a un déficit de funcionamiento en la vía talámica-prefrontal, hacen necesario descartar este trastorno de base orgánica antes de abordar otras posibilidades.
  • Trastornos del aprendizaje[Enlace a 2.2.6]: el niño tiene dificultades específicas con la lectura, escritura o la realización de operaciones matemáticas.
  • Trastornos de la comunicación[Enlace a 2.2.5]: el niño tiene dificultades para expresarse correctamente, sea porque no encuentra o no es capaz de usar las palabras adecuadas o porque tiene dificultades en la pronunciación de algunas palabras o tartamudeo.
  • Trastorno negativista desafiante[Enlace a 13.4.1] o trastorno de la conducta[Enlace a 1.13.4.2]: incumplimiento sistemático de normas, hostilidad, fanfarronería y, en general, actitudes desafiantes y/o agresivas.
  • Problemas emocionales, que se manifiestan como miedo o falta de motivación frente a los estudios, con excesivo nerviosismo y dificultades de concentración.

Tratamiento del bajo rendimiento escolar con neurofeedback

Los cuatro primeros trastornos se analizan en profundidad en otros apartados que los explican específicamente. Respecto del bajo rendimiento escolar debido a falta de motivación frente a los estudios, miedos o rechazo, puede considerarse con el mismo abordaje que los trastornos del aprendizaje, ya que suele venir asociado con desmoralización, baja autoestima y déficit en habilidades sociales.

Por lo tanto, como éste, puede tratarse con los protocolos adecuados de neurofeedback para la mejora del estado de ánimo y disminución de la ansiedad, consiguiendo una significativa mejora del rendimiento escolar.

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Manuel Olalla

Manuel Olalla

Psicólogo clínico especializado en terapia cognitivo conductual y neuropsicología.

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