La mente y el cerebro

Desde tiempo inmemorial se ha discutido si existe una dicotomía entre cerebro y mente. Aunque el dualismo clásico hable de separación entre cuerpo y espíritu, casi todas las disquisiciones filosóficas sobre el tema pueden trasladarse a la distinción entre un órgano pensante y el resultado de sus pensamientos, entre el contenedor y el contenido.

Aunque pueda parecer que el conocimiento sobre el cerebro es algo reciente,  existen muchos estudios sobre el tema en la antigüedad, que nos muestran que las sospechas sobre las funciones del cerebro son muy antiguas. Esto resulta paradójico frente a las historias que hemos oído sobre los egipcios que pensaban que el cerebro no servía para nada y lo extirpaban en el proceso de momificación, los tratados de Aristóteles que consideran que la funcionalidad del cerebro es enfriar la sangre o los escritos de Descartes que sitúan el alma en la glándula pineal. Pero frente a estos preclaros pensadores, que las historia ha encumbrado por otras merecidas razones, tenemos a poco conocidos estudiosos del cerebro, que enfocaron su estudio desde un ámbito experimental, y que desarrollaron teorías que son más coherentes respecto de los hechos que hoy en día conocemos. Por ejemplo, Alcmaeon de Crotón, miembro de la escuela pitagórica, consideró el cerebro como base de la mente sobre los siglos VI y V a.C. Igualmente pioneros son Herophilus de Calcedonia y Erasistratus de Ceos, que describieron los nervios sensoriales y motores y consideraron el cerebro como el centro del sistema nervioso, en los siglos IV y III a.C. Hay muchos más pioneros, sobre todo en el mundo árabe, pero pueden considerarse estos ejemplos como muestra suficiente de la polémica entre pensadores y experimentalistas, que, en cierta manera, aún perdura en nuestros días.

Pensemos en la psicología clínica actual. La mayoría de los psicólogos clínicos nos hemos vuelto eclécticos, esto es, nos apuntamos al uso de las técnicas que experimentalmente han dado resultados en nuestra práctica profesional, sin adscribirnos a un marco teórico concreto. Normalmente, tomamos un paradigma de referencia y usamos las técnicas basadas en ese marco, pero añadimos otras técnicas de otras corrientes si las consideramos adecuadas en un momento dado. Así, un cognitivo-conductual puede usar en un momento dado técnicas proyectivas, gestálticas o humanistas. Y el hecho es que funciona.

Por otra parte, la neuropsicología sigue avanzando en sus descubrimientos y es cada vez más capaz de explicar cómo funciona nuestro cerebro y cómo ese funcionamiento incide en nuestra conducta. La más moderna teoría neuropsicológica es la del conectoma, que, explicada brevemente, nos dice que las funciones del cerebro están en las redes que unen cada zona del mismo y que cada zona está caracterizada por un conjunto de neuronas especializados en un tipo de procesamiento de la información, de forma que se les envía la información para que la procesen y la devuelvan reorganizada. Sería como si cada parte del cerebro fuera un tipo de calculadora o computadora lógica diferente a la que mandamos la información que necesitamos procesar en cada momento, según el tipo de procesamiento que esa  información requiere.

Una paradoja de la teoría del conectoma es que invalida casi todos los marcos teóricos de la psicología clínica actual, ya que ni el paradigma imperante de la psicología cognitiva-conductual se sostiene ante un cerebro compuesto por operadores y no por módulos operativos. Mucho menos aún otros marcos teóricos que ya se sabían inadecuados desde hace años al no existir correlatos reales entre lo que predican y la estructura cerebral.

Si contemplamos la diferencia entre la psicología clínica actual, que actúa sin un marco teórico coherente y la neuropsicología, que ofrece un marco del funcionamiento del cerebro, pero aún está lejos de ofrecer una forma sistemática de usar ese marco para un tratamiento clínico concreto, podemos equipararla al histórico conflicto entre monistas y dualistas. Entre la necesidad de tratar la mente o de tratar el cerebro.

Tratar el cerebro y no la mente

Hasta un tiempo muy reciente la única forma de tratar directamente el cerebro era la neurocirugía, intervenir físicamente sobre el mismo.

Por otra parte, la psicología intervenía sobre la mente, procurando un marco de intervención en el que la persona que recibía la terapia consiguiese cambiar su forma de ver el mundo, así mismo y sus emociones y, a partir de ello, pudiese modificar su conducta, entendiendo por conducta la forma en la que nos relacionamos con el mundo, desde lo cognitivo a lo moral o emocional.

Y estaba la neuropsicología, cuyo principal objetivo era el diagnóstico. Se trataba de explicar cómo el cerebro, en cuanto órgano físico, afectaba a la conducta.

Gracias a los estudios de la neuropsicología sabemos que los que hacíamos los psicólogos clínicos, modificando la conducta, no sólo modifica la mente, sino también el cerebro.

Sin entrar en detalles y simplificando los resultados de unos de los más famosos  estudios realizados sobre el cerebro de Einstein, que legó a la ciencia para su estudio, es que tenía más desarrollada la corteza parietal que la media. A partir de ese descubrimiento se empezó a considerar que fue esta diferencia la que propició su genialidad. Pero un estudio posterior realizado con taxistas londinenses hace dudar de esta hipótesis. Los taxistas londinenses para adquirir su licencia deben aprobar un duro examen en el que se les exige que memoricen más de 25.000 lugares, así como rutas y otros datos. En el año 2000 se midió por resonancia magnética el hipocampo de personas que prepararon el examen a taxista, antes de iniciar la preparación y tras aprobar el examen y se descubrió que el hipocampo posterior había crecido en el proceso. Volviendo a Einstein, ¿era un genio por su parietal súper-desarrollado o su trabajo constante con conceptos físicos y matemáticos hizo crecer su corteza parietal?

Como conclusión sobre estos experimentos, podemos decir que modificar la mente cambia el cerebro, algo que en cierta forma debería resultar obvio: al igual que almacenar energía nos engorda o el ejercicio desarrolla físicamente los músculos, el aprendizaje, sea cognitivo o emocional, modifica, en cierta forma, la estructura de nuestro cerebro. Es un fenómeno al que llamamos plasticidad neuronal.

Entonces podemos preguntarnos: ¿si modificar la mente modifica el cerebro, no habría forma de modificar el cerebro, sin recurrir a intervenciones quirúrgicas, para conseguir una modificación de nuestra mente?

La respuesta a esta pregunta está en los nuevos modelos de intervención neuropsicologíca, que ha dejado de limitarse al diagnóstico para dedicarse a la acción.

El Neurofeedback para la mejora profesional

¿Se pueden desarrollar la inteligencia, la atención o la memoria? ¿Se puede intervenir a nivel neuropsicológico para ser mejor comercial, tomar las decisiones con mayor seguridad, comunicar mejor?

La respuesta a todas estas preguntas es: sí.

Todo ello es posible y diferentes experimentos realizados usando la técnica de Neurofeedback lo constatan.

No sólo eso, hay estudios experimentales que mediante Neurofeedback, es decir, anteviniendo directamente sobre la plasticidad cerebral, se pueden mejorar habilidades artísticas o actitudes deportivas.

Se han realizado estudios sobre Neurofeedback en tantos ámbitos diversos, que resultaría muy pesado citarlos todos, pero puede resultar interesante citar algunos de ellos, como representación de muchos otros:

  • Mejorando la puntería: la arquería es un deporte que tradicionalmente se considera asociado a un estado de relajación física y mental, por ello no es extraño que se hayan realizado varios experimentos para comprobar si el uso de Neurofeedback aumentaba el rendimiento en el tiro con arco y en todos ellos se ha comprobado que un entrenamiento con neurofeedback mejora las puntuaciones de los arqueros.
  • Marcando goles con el cerebro: si pasamos a un deporte más físico, como es el fútbol, puede resultar más curiosa su asociación con una técnica como el Neurofeedback, pero son ya bastantes los equipos que como parte del entrenamiento de sus jugadores les aplican tratamiento de Neurofeedback. Como dato anecdótico se puede contar que a la selección italiana de fútbol se le dio entrenamiento con Neurofeedback en 2006 y acabó ganando el mundial.
  • Desarrollando las capacidades musicales: la ejecución musical también han sido objeto de varios estudios con Neurofeedback y se ha constado en todos los casos un aumento de la calidad de la interpretación, lo que podría estar asociada a un aspecto cognitivo, pero también de la musicalidad y la comunicación, que serían aspectos más emocionales.
  • Ser mejor artista: los actores tampoco se han librado del estudio de la mejora de sus dotes artísticas mediante Neurofeedback, en los experimentos realizados se ha visto como se mejoraban cualidades como la creatividad o la expresión imaginativa, aspectos muy emocionales de la actuación que se veían potenciados por el Neurofeedback.
  • Hay muchos más ejemplos de habilidades artísticas y deportivas potenciadas por Neurofeedback: kárate, golf, tenis, balonvolea, baile, patinaje o el canto, entre muchos otros.
  • Desarrollo de la inteligencia, la atención y la memoria: aparte de habilidades concretas se han realizado muchos estudios del uso de Neurofeedback para actuar directamente sobre las capacidades intelectuales, mostrando que tras un tratamiento con esta técnica se aumentaban las puntuaciones en teste neuropsicológicos que medían estas cualidades.
  • Mejora del rendimiento profesional: es obvio que si el Neurofeedback ha demostrado su potencial para el desarrollo de las capacidades creativas y las intelectuales, debe ser útil en general para aumentar el rendimiento en el trabajo, como han constatado muchos estudios sobre ejecutivos y profesionales con tareas exigentes. Así diversos estudios han mostrado como el Neurofeedback aumentaba la fluidez de ideas, la capacidad para hacer frente a una gran carga de trabajo y para resolver problemas o como permite reducir el número de errores cometidos.

 

En España ya empieza a haber un número creciente de estudiantes universitarios que acuden a realizar un entrenamiento de Neurofeedback antes del periodo de exámenes. En otros países, los profesionales y ejecutivos, ya sea a nivel particular o en programas desarrollados en la propia empresa, se someten a una mejora de sus capacidades mediante Neurofeedback para aumentar su rendimiento y afrontar mejor el estrés.

Las intervenciones neuropsicológicas nos permiten trabajar directamente sobre el cerebro, consiguiendo una mejora de nuestras respuestas neuronales que aumenta nuestra capacitación personal y profesional.

Es hora de entrar en el siglo XXI.

 

Manuel Olalla Pinilla

Psicólogo e Ingeniero Industrial