El nuevo paradigma de la Neuropsicofisiología Aplicada

Cada vez más, a nivel internacional, se escucha el término de Neuropsicofisiología Aplicada, para referirse a un abanico de técnicas que permiten a las personas aprender a modificar, de forma voluntaria, diferentes respuestas fisiológicas. Son técnicas comúnmente llamadas biofeedback. En algunos países de habla hispana se ha traducido como biorretroalimentación, aunque en España se sigue utilizando la denominación en inglés.

Y, ¿qué es el biofeedback? Pues simplemente un entrenamiento mediante el cual la persona aprende a modificar su temperatura, la conductancia de su piel, su ritmo cardiaco y respiratorio e, incluso, sus ondas cerebrales. Hay muchas más modalidades de biofeedback, pero éstas son las más utilizadas.

Parece imposible, ¿verdad? Pues es una técnica que en el ámbito científico empezó a desarrollarse en el año 1950 en EEUU y que algunas filosofías orientales integran desde hace milenios.

Y, ¿esto sirve para algo? Por supuesto, tiene aplicaciones evidentes y otras muy poco intuitivas, pero igualmente efectivas. Por ejemplo, se ha utilizado para rehabilitación el lesiones parciales de médula: en el músculo que se quiere entrenar se aplican uno sensores que muestras su activación eléctrica; aunque la persona con la lesión no pueda activar ese músculo, cuando lo intenta el músculo recibe una ligera corriente eléctrica, demasiado escasa para moverlo, pero medible en el sensor, lo que le indica a la persona que va por buen camino, lo que ha demostrado que hace la rehabilitación más rápida y efectiva. Otro ejemplo de aprendizaje más sutil sería un entrenamiento en modificar la conductividad de la piel, que tiene que ver con la sudoración y está controlado por el sistema cerebral llamado simpático, que a su vez es el encargado de activar los sistemas biológicos de estrés, por lo que aprendiendo a controlar la conductividad de la piel, reducimos nuestro estrés, algo que ha sido constatado en diferentes estudios científicos.

A partir de los años 90, con la llegada de ordenadores personales lo suficientemente potentes, el biofeedback se ha trasladado de la investigación hospitalaria y universitaria al ámbito de las pequeñas clínicas y consultas, estando hoy en día plenamente implantado como una disciplina médica en muchos países.

Biofeedback y fisioterapia

Un campo en el que resulta especialmente interesante el uso del biofeedback es como complemento de la fisioterapia.

Como aplicación directa, una de las modalidades del biofeedback que más tiempo lleva usándose es el biofeedback electromiográfico, también denominado biofeedback EMG, que permite obtener información sobre la tensión muscular y el movimiento motor. Un tipo especial de sensores detectan la activación eléctrica del músculo, pudiendo saber en cada momento qué tensión está recibiendo y, por lo tanto, qué grado de activación recibe.

Se puede usar el biofeedback EMG para que la persona aprenda, tanto a activar el músculo, como sería el caso de la lesión parcial de médula anteriormente comentada; como a desactivar un músculo, para eliminar tensiones o aumentar la precisión de movimientos. Un caso muy ilustrativo de esta técnica, es el entrenamiento de Neurocirujanos que se está realizando en algunos hospitales de EEUU mediante esta técnica: se usan sensores en diferentes músculos de la mano y se simula una intervención, entrenando al neurocirujano en la tensión adecuada en cada músculo para evitar producir lesiones en el cerebro que está operando.

Mucho más prosaico, pero también más habitual y práctico, es el aprendizaje en la relajación de músculos que tienden a contracturarse, ya sea por problemas tensionales, posicionales o mecánicos, derivados de actividades repetitivas o poco ergonómicas.

En resumen, el biofeedback electromiográfico se puede usar para la reeducación muscular, ayudando a potenciar músculos que por malas posturas, dolores crónicos u operaciones no están actuando adecuadamente.

Otra alternativa dentro de este campo es el uso del biofeedback EMG como método diagnóstico de tensión muscular, detectando la activación excesiva de algunos músculos.

Las posibilidades son amplias, por ejemplo enseñar la correcta forma de respirar, según queramos realizar respiración diafragmática, pulmonar o acompasar ambas, para el entrenamiento concreto en una forma de respiración determinada. Una frivolidad: utilizar biofeedback EMG para reafirmar el pecho caído, entrenando los músculos que lo elevan para que adquieran mayor tonificación. Puede haber tantas aplicaciones como necesidades específicas de tratamiento.

Pero no sólo se puede usar la electromiografía como apoya a la fisioterapia, existen otras técnicas de biofeedback que pueden ser igualmente útiles, aunque por caminos más indirectos.

Un campo muy interesante es la cuantificación del dolor postural objetivo, ya que los indicadores biológicos y neuronales nos sirven para establecer una medida numérica del dolor según la postura o movimiento, mucho más fiable y útil que la expresión subjetiva del paciente. Se pueden usar diferentes tipos de biofeedback para cuantificar la reactividad al dolor del paciente, según sea la activación de su sistema simpático (del que ya se ha hablado antes, como un sistema cerebral que responde al estrés y también al dolor, que no deja de ser una forma de estrés).

Existen técnicas de biofeedback EEG, el también llamado Neurofeedback o Neurorretroalimentación, para reducir el umbral del dolor, facilitando el día a día de personas achacadas de dolores crónicos.

Igualmente, existen técnicas de Neurofeedback para reducir la ansiedad o las ya citadas de biofeedback cardiaco y respiratorio para controlar la respuesta simpática de estrés.

¿Cómo se hace biofeedback?

Hemos hablado de para qué sirve, pero no se ha explicado cómo se aplica.

Como se ha dicho, existen muchos tipos de biofeedback y muchos campos de aplicación, por lo que el procedimiento no es exactamente el mismo en cada caso, aunque todos tienen una parte en común. El mismo nombre lo indica, si pensamos en su traducción al castellano: biorretroalimentación, ya se nos está indicando que se nos va a dar una retroalimentación de una señal biológica. Y una retroalimentación no es más que información de cómo está actuando una señal.

Lo primero es colocar el sensor correspondiente al tipo de biofeedback que queremos aplicar. En algunas ocasiones se realizan simultáneamente diferentes tipos de biofeedback.

Para la respiración se usa una cinta extensiométrica para controlar la apertura o contracción de pecho o abdomen, para la tasa cardiaca un electrodo de cardio en la palma de la mano, para la conductividad de la piel se mide la resistencia entre dos dedos de una mano, para las ondas cerebrales se usan electrodos de electroencefalografía.

Esos sensores se conectan a un amplificador, que transforma la señal y la envía a un ordenador.

El ordenador registra la información y la procesa en tiempo real, transformándola en una señal que pueda ser identificada y entendida fácilmente por la persona que está siendo entrenada. Normalmente lo que se muestra a la persona que está siendo entrenada con biofeedback es la diferencia entre la señal real y la que consideramos ideal y queremos que sea aprendida. Así, cuanto más cerca del ideal más información de éxito se proporciona.

La potencia de los ordenadores actuales permite convertir esa señal de éxito en informaciones complejas. Por ejemplo, podemos mostrar un vídeo que se haga pequeño o grande según la señal difiera o se parezca a la deseada. También programaos juegos en los que la señal de activación depende de una variable biológica, así hay carreras de coches en las que la velocidad del coche es la señal medida o naves que disparan sólo cuando nuestro umbral de activación supera el óptimo.

Gracias a la tecnología hoy el biofeedback está al alcance de cualquier clínica o despacho profesional. ¡Vamos a sacarle partido!

Manuel Olalla Pinilla

Psicólogo e Ingeniero Industrial