TRASTORNOS RELACIONADOS CON TRAUMAS Y FACTORES DE ESTRÉS

Del estrés al trauma

Cuando un ser vivo se ve sometido a situaciones estresantes intentará diferentes estrategias para salir de ellas. Pero si esas situaciones perduran en el tiempo y la persona no encuentra salida ni logra habituarse al estrés, se sentirá en una situación de indefensión que le puede llevar a la depresión e incluso al trauma. Ya que este tipo de situaciones suelen ir acompañadas de experiencias y emociones negativas.

Trauma, viene de una palabra griega que significa herida. El concepto de trauma psicológico deriva del concepto de trauma físico, entendiéndose como una herida o un daño psicológico.

Suele producirse por un acontecimiento de alta intensidad, en el que se produce una amenaza o daño severo a la integridad física, psicológica o del entorno.

El trauma tiene un carácter inenarrable, incontable e incompatible (Pérez Sales).

Rompe las creencias básicas de quien lo sufre, pasando a ver el mundo como un lugar peligroso y sin sensación de control. Produce una sensación de desamparo abrumadora, donde la persona siente que le fallan las defensas.

Las respuestas a estas situaciones traumáticas pueden ser varias:
 

  • Aislamiento, debido a una sensación de alejamiento respecto a quién no ha vivido la experiencia traumática. Lo que suele desembocar en un repliegue emocional y afectivo.
  • Sentimientos de ruptura, a menudo la expresiones que utilizan las víctimas son del tipo: “todo es diferente”, “ya nada es lo mismo”, “ya nada es igual”. De alguna manera sienten que algo en su mundo, en su vida se ha roto y que incluso ellos ya no son como antes.
  • Necesidad de reconstruir lo ocurrido e intentar comprender algo buscando un nuevo sentido o un nuevo final.
  • Cuestionamientos de presunciones básicas como la bondad de las personas, la predictibilidad del mundo y la capacidad de control sobre la propia vida.
  • Cuestionamiento de uno mismo y su posición en el mundo. Sobre todo frente a sensaciones de humillación y vergüenza o frente a vivencias de responsabilidad personal y culpa.

Trastorno de apego reactivo

Los niños con este tipo de trastorno presentan un patrón constante de comportamiento inhibido y emocionalmente retraído hacia sus cuidadores. Es decir, raramente buscan consuelo o se dejen consolar cuando se sienten mal.

Se da en ellos una alteración social y emocional persistente que se caracteriza por:
 

  • Pobres reacciones sociales o emocionales hacia los demás.
  • Muy limitadas expresiones de afectos positivos.
  • Episodios de irritabilidad, tristeza o miedo sin causa ni motivos aparentes.

 

Son niños que en algún momento de sus vidas han experimentado un patrón extremo de cuidado insuficiente. Bien por negligencia o carencia social, no teniendo cubiertas necesidades emocionales básicas para que el niño pudiera crecer sintiéndose seguro, confiado y querido. O bien por cambios continuados de cuidadores o de las figuras parentales, como puede suceder por ejemplo con niños que han podido sufrir continuos cambios de custodia o niños adoptados. O trastornos relacionados con traumas y factores de estrés.

El trastorno de apego reactivo se considera grave cuando el niño tiene todos o gran parte de los síntomas del trastorno en un grado elevado.

Trastorno de relación social desinhibida

Los niños con este tipo de trastorno muestran un comportamiento excesivamente desinhibido y confiado con personas totalmente desconocidas.

Estos niños muestran al menos dos de las siguientes conductas que aquí vamos a señalar:
 

  • No muestran ningún tipo de desconfianza ni recelo a la hora de aproximarse a adultos extraños.
  • Pueden mostrar un comportamiento verbal o físico demasiado familiar con extraños.
  • Recurren poco o nada a su cuidador habitual adulto (padre, madre, tutor,…) cuando necesitan de alguien, incluso en ambientes extraños.
  • Muestran poca o ninguna vacilación a la hora de irse con desconocidos.

 

Los orígenes que desembocan en este tipo de trastorno son muy similares a los del trastorno de apego reactivo. Son niños que por diversas circunstancias no han podido desarrollar un tipo de apego seguro durante su primera infancia y por tantos ambos desarrollan diferentes estrategias para poder afrontar diferentes tipos de situaciones o carencias.

Trastorno de estrés postraumático

Llamamos trastorno de estrés postraumático al conjunto de síntomas que aparecen en la persona después de haber estado expuesta a alguna situación de las siguientes características:
 

  • A la muerte o peligro de muerte
  • A una lesión grave o haber estado a punto de sufrirla
  • A violencia sexual o la amenaza de la misma

 

El tipo de exposición no tiene que ser directa, es decir puede ser que sea la persona afectada la que sufra la situación traumática, pero también se puede padecer un trauma si somos testigos de la situación, si le ha ocurrido a alguien muy próximo o nos vemos repetidamente expuestos a los detalles repulsivos del suceso.

 

Se considera que se padece este trastorno si tras la exposición a la situación traumática aparecen, durante más de un mes, síntomas de los siguientes tipos:
 

  • Intrusivos: recuerdos angustiosos e intrusivos del acontecimiento, sueños sobre el suceso, recreación de la experiencia, malestar ante situaciones o cosas que recuerdan el acontecimiento o reacciones fisiológicas que se asocian a las del suceso.
  • Evitación: de los recuerdos o emociones de la situación o incluso de personas o cosas que se asocian a la experiencia.
  • Alteraciones cognitivas: no poder recordar algo de la situación, pensamientos irracionales miedo asociados a la vivencia del acontecimiento y su posible repetición, pensamientos irracionales de culpabilidad o acusatorios respeto del suceso.
  • Alteraciones del estado de ánimo: miedo, terror, enfado, culpa, desinterés, desapego, insatisfacción, etc.
  • Reactividad excesiva: irritabilidad, agresividad, imprudencia, hipervigilancia, excesivos sobresaltos, falta de concentración o problemas de sueño.

 

En ocasiones el trastorno del estrés postraumático no se desencadena hasta bastante tiempo después de la situación desencadenante, a eso se le denomina: expresión retardada.

 

Se considera especialmente grave el trastorno cuando se presenta con síntomas disociativos, que pueden ser:
 

  • Despersonalización: sensación de ser un observador externo de sí mismo, con cierta irrealidad de uno mismo o de su cuerpo.
  • Desrealización: sensación de que el mundo en el que se vive es irreal.

Trastorno de estrés agudo

Es muy similar al estrés postraumático, pero de inicio temprano, es decir, que se empieza a sentir al poco tiempo de la exposición al acontecimiento y dura entre tres días y un mes. Pasado un mes hay que ver si desaparece, se convierte en un trastorno de estrés postraumático o en un trastorno de adaptación.

 

Puede darse por haber vivido la situación traumática, haberla presenciado, que le haya pasado a alguien próximo o haber sido repetidamente expuesto a situaciones desagradables de la misma.

Los síntomas que aparecen pueden ser recuerdos, sueños o reviviscencias intrusivas del acontecimiento, dificultad de expresar emociones positivas, irrealidad o amnesia parcial respecto del suceso, evitación del recuerdo, emoción o de cosas o personas que se asocian con la situación, problemas de sueño, de concentración, sobresaltos o hipervigilancia.

Trastornos de adaptación

Sería una manifestación sintomática derivada de un acontecimiento estresante claro y definido, que perduran tras tres meses del mismo y que no puede clasificarse como trastorno de estrés postraumático.

 

Para que pueda diagnosticarse este trastorno debe haber producido un malestar desproporcionado al acontecimiento estresante y deterioro en el área laboral o social de la persona afectada.

 

Pueden darse manifestaciones sintomáticas de varios tipos:
 

  • Depresivas: desesperanza y tristeza.
  • Ansiosas: nerviosismo, agitación y miedo.
  • Mixtas depresivas y ansiosas: con síntomas de tristeza y miedo.
  • Antisocial: agresividad e impulsividad.
  • Mixta emocional y antisocial: con síntomas de tristeza o miedo acompañado de agresividad.

Tratamiento de traumas y estrés con EMDR y neurofeedback

En el tratamiento del trauma con EMDR el cambio terapéutico sería el resultado del procesamiento de los recuerdos, llevando las experiencias almacenadas de modo disfuncional hacia una resolución más adaptativa, favoreciendo así la salud psíquica del paciente. La desensibilización y el cambio de perspectiva, tanto a nivel cognitivo como emocional, que se observan durante las sesiones de EMDR, reflejan el reprocesamiento y la asimilación de la experiencia traumática.

El resultado final no es un borrado en la memoria, las personas recuerdan perfectamente aquellos acontecimientos traumáticos que les marcaron. Sin embargo, la diferencia está en las emociones que se detonan con el recuerdo antes de haber trabajado el trauma.

 

Si la palabra trauma tiene sus orígenes en una palabra griega que significa herida, podemos comparar el trauma con una herida física que ha cicatrizado sin ser curada y que, aunque no se ve, por dentro hay infección y al tocarla duele. Para poder sanar tendríamos que abrir de nuevo la herida, limpiarla, tratarla y suturar para que vuelva a cicatrizar. Pero esta vez, al haber sido tratada, cicatrizará y sanará. Y aunque al mirar siempre podremos ver la cicatriz ya no nos molestara y si alguien la toca ya no nos dolerá, se podría decir que “ya no nos podrán poner el dedo en la llaga, porque no habrá llaga”.

 

En muchas ocasiones, el “abrir de nuevo esa herida”, supone un esfuerzo considerable para la persona afectada y a menudo surgen bloqueos espontáneos, que son mecanismos de defensa que, sin pretenderlo, el cliente usa para evitar revivir el dolor del trauma. Pero sin esa reviviscencia no es posible la curación.

En estos casos el neurofeedback nos permite reducir la sensación subjetiva del dolor y eliminar el bloqueo que impide el reprocesamiento del trauma.

Las mediciones de personas afectadas de traumas muestra lo que se denomina un bloqueo de alfa. La onda alfa, aparece de forma natural cuando cerramos los ojos, pero en las personas traumatizada o bien no aparece o bien aparece con menor intensidad de lo esperado. Aunque no se sabe con seguridad por qué ocurre esto, se piensa que tiene que ver con la visualización que normalmente realizamos al cerrar los ojos y que sería la que hace aparecer la onda alfa; las personas afectadas de trauma estarían bloqueando la visualización intrusiva del acontecimiento y por ello no mostraría la onda alfa con ojos cerrados.

Un entrenamiento de neurofeedback puede ayudar a recuperar la onda alfa con ojos cerrados, desbloqueando la revisualización del trauma y permitiendo trabajarlo a nivel terapéutico.

Igualmente, un entrenamiento en reducción de ansiedad ayudará al cliente a afrontar sus miedos, facilitando la terapia.